Never Give Up: difícil encontrar título más programático para este grupo. Es el lema de No Turning Back resumido en tres palabras, y el disco se emplea en ilustrarlo a lo largo de toda su duración. No rendirse nunca, esa ha sido la línea desde el primer día, y encuentra aquí una expresión especialmente directa, sostenida por temas que van a lo esencial con energía de manada. Es un disco que funciona como un concentrado de todo lo que el grupo defiende, una profesión de fe gritada sin la menor vacilación ni la menor duda.

No soltar jamás

Las letras funcionan como gritos de unión. Perseverancia, tenacidad, rechazo de la derrota: el vocabulario es el del deporte de combate tanto como el del escenario. No Turning Back sabe que estas palabras pueden sonar huecas en otras bocas, así que las carga con toda la credibilidad acumulada con los años. Viniendo de ellos, la exhortación a aguantar no tiene nada de eslogan fácil, es un manual probado. Esa sinceridad, esa legitimidad ganada en la carretera, da a los temas una fuerza de arrastre rara, capaz de galvanizar una sala entera en segundos.

En el corazón de la fórmula

En lo musical, el álbum va directo al grano. Los temas son cortos, densos, sin grasa, y encadenan momentos hechos para la sala: estribillos para gritar, cortes para desatar los círculos, relanzamientos que cortan la respiración. Nada sobresale, todo sirve al impacto colectivo. Es un hardcore pensado para la comunión física, donde cada tema parece concebido como una ocasión más de desahogarse juntos. El grupo no se anda con experimentaciones, entrega su fórmula en su versión más eficaz, con la certeza de quienes saben exactamente lo que funciona.

Indestructibles

Lo que impresiona es la constancia de la llama. Álbum tras álbum, No Turning Back rechaza el menor relajamiento, y Never Give Up aporta otra prueba deslumbrante de ello. El grupo toca con la misma rabia que en sus inicios, como si el tiempo no tuviera ningún agarre sobre su determinación. Esa obstinación heroica impone respeto, incluso a quienes la fórmula acaba cansando. Atestigua un compromiso total, una fidelidad a un ideal que supera la simple carrera musical para volverse una verdadera filosofía de vida.

Never Give Up no añade un color nuevo a la paleta del grupo, pero le reaviva el brillo. Es un disco frontal, sincero, cortado para el escenario y para los convencidos. Recuerda que algunos grupos no están para sorprender sino para aguantar, y que esa lealtad absoluta a un ideal vale, a su manera, todos los giros artísticos del mundo. Un concentrado de energía y convicción, que lleva bien alto la bandera de un hardcore que nunca baja los brazos.