Con Lost in Life en 2014, Backtrack firma un disco que va a lo esencial del hardcore neoyorquino y de su primo de Long Island. La banda no se molesta con adornos: golpea, acelera, dispara breakdowns en el momento en que más se esperan. Este álbum no pretende revolucionar el género, pero defiende sus valores con una convicción total. Se oye la calle, la frustración y esa ganas constante de mandarlo todo a paseo. Formada en la fecunda escena de Long Island, la banda se inscribe en una larga tradición de hardcore de la costa este. Desde sus primeros pasos, supo captar la atención por su fogosidad y su rechazo de las concesiones, una reputación que este disco viene a prolongar con lógica.

La velocidad como columna vertebral

Lo que golpea primero es el nervio rítmico. Los tempos rápidos se encadenan, los riffs muerden y la base rítmica empuja sin descanso. Backtrack domina ese equilibrio delicado entre la parte de mosh pesada y el lado thrashy heredado del crossover. Nada se eterniza: los temas son cortos, cortantes, pensados para sonar fuerte y vivirse con intensidad en directo. La voz, rabiosa y sin concesiones, transmite una ira que resulta creíble de principio a fin. Las letras hablan de desilusión, de traición y de supervivencia cotidiana, sin caer nunca en el victimismo. Es un hardcore de experiencia personal, anclado en lo vivido, que rechaza la pose en favor de la sinceridad cruda.

Un clasicismo asumido

Backtrack no esconde sus influencias, y eso es incluso una fuerza. Se percibe la herencia del hardcore de la costa este, esas bandas que construyeron el género a golpe de riffs simples y estribillos gritados. Lost in Life se inscribe en esa línea con respeto, sin dar jamás la impresión de copiar. La banda aporta su propia energía, más tensa, más rápida, que le pertenece por completo.

Un disco tallado para el escenario

Se imaginan sin esfuerzo estos temas resonando en una sala abarrotada, con los cuerpos chocando y los micros tendidos hacia el público. Lost in Life está hecho para eso: el pogo, el sudor, el compartir. No busca seducir al oyente solitario sino reunir a una comunidad en torno a una misma descarga de adrenalina. Se le podrá reprochar una falta de sorpresas, una fórmula que nunca se desvía de veras de su trayectoria. Pero en el hardcore, la constancia suele valer más que la experimentación aventurada. Backtrack sabe exactamente lo que quiere ofrecer, y lo entrega sin temblar.

A fin de cuentas, Lost in Life es un disco sólido, honesto y eficaz, que cumple perfectamente su misión. No apunta a la inmortalidad sino al impacto inmediato, y lo consigue. Para quien busca una dosis franca de hardcore sin rodeos, es un valor seguro.