Segunda descarga, y ya la sensación de una mecánica que se aprieta. Damage Done llega tras decenas y decenas de conciertos, y se nota en cada compás. Los temas están más afilados, el grupo toca más compacto y la producción deja pasar por fin la pegada que la escena ya conocía. No Turning Back se mantiene fiel a su línea, pero ahora la defiende con el oficio de un grupo que ha gastado suelas en todas las carreteras del continente. Es el disco de la solidificación, aquel en que la promesa inicial empieza a convertirse en certeza, sin perder jamás su ímpetu.
La confirmación
Donde el debut planteaba una intención, este la cumple. Los riffs muerden más fuerte, los estribillos enganchan mejor y las respiraciones están mejor colocadas. Nada revolucionario en la fórmula, pero una clara subida de precisión: cada tema sabe adónde va, cada puente existe para lanzar el siguiente. Es un grupo que entendió que la sencillez no excusa la chapuza, y que pule su gesto sin ablandarlo jamás. Ese rigor nuevo da al conjunto una eficacia temible, la sensación de una máquina perfectamente engrasada.
Más rápido, más fuerte
Damage Done sube el dial de la intensidad. Dominan los tempos rápidos, las cortes caen en el sitio justo y la voz conserva esa aspereza de capataz que no afloja nunca a su cuadrilla. Las letras siguen ancladas en los mismos valores: lealtad, esfuerzo, negativa a doblegarse. Es un hardcore de trinchera, sin adornos, hecho para ser gritado a coro en una sala abarrotada con el micro apuntando al público. El grupo no busca ampliar su paleta, busca endurecer su núcleo, y lo consigue con una constancia impresionante.
La escuela de la carretera
Lo que se oye sobre todo aquí es la carretera. Los kilómetros, los escenarios diminutos, las noches sin dormir forjaron un grupo que ya no necesita pensar en lo que es. Damage Done captura el instante exacto en que el instinto toma el mando, cuando el colectivo funciona como un puño cerrado. La cohesión es total, y le da al disco un aplomo que el debut aún no podía tener. Es el sonido de un grupo que ha encontrado su velocidad de crucero y solo tiene que embestir, sostenido por una experiencia ya considerable.
Damage Done no inventa nada ni pretende hacerlo. Consolida, afianza, marca un poco más hondo el surco. Para quien sigue al grupo desde el principio, es la prueba de que la promesa inicial no era un fuego de paja: No Turning Back aguanta la distancia, y piensa seguir aguantándola mucho tiempo. Un segundo capítulo sólido, sin grietas visibles, que asienta al grupo para siempre en el paisaje del hardcore europeo y anuncia una longevidad poco común.





