Captar a Gojira en el Hellfest es atrapar a la banda en su elemento natural: ante una multitud francesa inmensa, en el corazón del mayor festival de metal del país. Este documento, procedente de la edición de 2016 en Clisson, inmortaliza un momento de comunión nacional, aquel en que una formación surgida de las Landas vuelve a casa para triunfar como héroes. En esa época, impulsado por la salida de Magma, el grupo está en la cima de su potencia, y se nota a cada segundo. En el escenario, Gojira no se limita a reproducir el disco: es un ritual, una descarga colectiva donde el público se vuelve parte del espectáculo.
La vuelta a casa
Hay algo particular en ver a Gojira tocar en Francia, ante un público que los vio crecer y que los considera de los suyos. La banda lo ha repetido a menudo: el Hellfest ocupa un lugar aparte en su historia, el de las raíces y el reconocimiento. En el escenario, los hermanos Duplantier ofrecen una actuación de una intensidad temible, apoyados por una base rítmica de precisión quirúrgica. Los clásicos se encadenan, de The Heaviest Matter of the Universe a Flying Whales, y cada riff desata un oleaje humano. El vínculo entre el escenario y el foso resulta aquí casi palpable.
La bestia sobre las tablas
Lo que impresiona en esta grabación es la potencia sonora y el dominio absoluto del cuarteto. Allí donde muchos grupos extremos apenas logran reproducir en directo la densidad de sus discos, Gojira gana en espesor, en violencia, en presencia. Mario Duplantier, verdadero metrónomo humano, asesta sus golpes con una regularidad alucinante, mientras las guitarras escupen riffs telúricos. El sonido, captado con cuidado, restituye la brutalidad del instante sin sacrificar jamás la legibilidad. Se reencuentra aquí toda la dimensión física del grupo, esa manera de hacer temblar el aire tanto como el suelo.
El metal como gran misa
Más allá de la actuación, este documento dice algo del aura que ha alcanzado Gojira en Francia. Ante decenas de miles de espectadores, el grupo transforma un concierto en una congregación, en la celebración de una identidad musical nacional demasiado a menudo acomplejada. Las temáticas ecológicas y espirituales tan queridas por el cuarteto adquieren, en este contexto de masas, una resonancia particular, casi política. Ver a semejante público corear temas tan exigentes demuestra que lo extremo puede volverse popular sin renegar de sí mismo. El Hellfest 2016 quedará como uno de los grandes momentos de ese encuentro.
Como testimonio en directo, esta grabación vale tanto por la música como por lo que cuenta: la historia de una banda francesa que conquistó el mundo sin olvidar jamás de dónde venía. No reemplazará la experiencia del concierto, nada lo hace, pero conserva su fiebre y su amplitud. Para quien quiera entender por qué Gojira se convirtió en un fenómeno planetario, estas imágenes y este sonido valen más que cualquier discurso. Una pieza más para el expediente de un grupo que, en el escenario, nunca ha decepcionado, y que, esa noche, jugaba claramente en casa.







