Hay, en la música de Ne Obliviscaris, algo de apuesta imposible. ¿Cómo casar la violencia del metal extremo y la gracia de un violín clásico sin caer ni en el kitsch ni en la demostración? El sexteto australiano, uno de los más ambiciosos de su generación, afronta ese reto desde hace quince años. Tras una larga ausencia y unos problemas internos muy comentados, EXUL marca su regreso, y la crítica (86 de media sobre ocho reseñas) lo acoge con un alivio admirativo.

Lo que hace singular a la banda es ese diálogo permanente entre dos voces: el growl gutural de Xenoyr y el canto limpio de Tim Charles, este último también violinista. De esa dualidad nace una música en tensión constante, donde la belleza nunca suaviza del todo la furia, donde la furia nunca pisotea la belleza. La prensa celebra una escritura de riqueza poco común, hecha de largas planicies progresivas que se toman el tiempo de desplegarse.

EXUL no es un disco fácil: exige atención, disponibilidad. Pero recompensa al oyente paciente con cimas de emoción que pocas bandas del género saben alcanzar. Es metal extremo que aspira a la forma sinfónica y que, a menudo, lo consigue.

Veredicto: 8.5. Un regreso a la altura de las expectativas, sostenido por una identidad que nadie ha sabido copiar. Ne Obliviscaris sigue sin igual.