Tras el triunfo de From Mars to Sirius, Gojira regresa en 2008 con The Way of All Flesh, un disco atormentado por la muerte y la condición mortal. Lejos de dormirse en los laureles, el grupo lleva más lejos su búsqueda, entregando uno de sus álbumes más sombríos y densos. La reflexión sobre la finitud, lejos de ser mórbida, se convierte en una meditación poderosa sobre la aceptación y la superación. Un disco grave, exigente, magistral, que confirma la ambición sin límites del grupo.

El camino de toda carne

El tema central es la muerte, no como un final angustiante sino como un paso que domesticar. Las letras exploran la idea de vencer el miedo a morir, de transformar lo inevitable en fuerza. Esa gravedad filosófica riega cada tema y da al disco una intensidad emocional rara en el metal extremo. Gojira prueba una vez más que su música porta un discurso, y que ese discurso eleva la brutalidad al rango de reflexión, transformando cada asalto sonoro en una meditación habitada.

Densidad y negrura

En lo musical, el álbum es más compacto y más pesado que su predecesor. Los riffs de Vacuity y Toxic Garbage Island martillean con una precisión implacable, mientras que la producción, densa y asfixiante, encaja a la perfección con el discurso. La colaboración de Randy Blythe, de Lamb of God, en un tema añade aún más intensidad. Gojira aprieta su escritura, gana en impacto, sin renunciar jamás a la amplitud atmosférica que lo distingue. El resultado es de una potencia casi opresiva.

Confirmación en la cima

The Way of All Flesh confirma que From Mars to Sirius no era una culminación sino una etapa. El grupo sigue ampliando su audiencia y afirma su lugar entre la élite del metal mundial. Quizá más difícil de acceso, más austero, este disco recompensa la escucha atenta y revela tesoros de construcción. Es la obra de un grupo en la cima de su potencia creativa, que rechaza la facilidad y prefiere cavar cada vez más hondo su surco.

The Way of All Flesh es un disco exigente y profundo, que pide tiempo pero recompensa con creces el esfuerzo. Más sombrío y más cerebral que sus predecesores, atestigua la constancia de una visión y la profundidad de un discurso. Para los amantes del Gojira más denso, es una cima; para los demás, una invitación a sumergirse en una meditación musical de rara intensidad. La muerte nunca habrá sonado tan viva.