Cuarto álbum, en 2016, Breakin’ Outta Hell ve a Airbourne apretar las tuercas tras un Black Dog Barking juzgado algo rutinario. La banda australiana sigue sin cambiar de rumbo, pero le devuelve urgencia y hambre, como consciente de que había que reactivar la máquina. El resultado es un disco más vivo, más compacto, que recupera parte de la chispa de los inicios. Airbourne no se reinventa, se re-concentra, y eso basta para devolverle mordiente.
De vuelta al horno
Desde el tema titular, el tono queda claro: acelera, golpea, no se disculpa por nada. Temas como Breakin’ Outta Hell, It’s Never Too Loud for Me o Rivalry recuerdan que la banda sabe escribir himnos de pelea eficaces cuando se pone de veras. La producción, bruta y directa, encaja perfectamente con el discurso. Se siente una formación revigorizada, que toca con el apetito de quien tiene algo que demostrar, lejos del piloto automático del álbum anterior.
La urgencia recuperada
Lo que impresiona es el repunte de energía. Los temas son más cortos, más nerviosos, despojados de la grasa que a veces lastraba los discos anteriores. Airbourne va a lo esencial, y esa economía le sienta bien: el conjunto avanza a toda velocidad sin tiempos muertos, con una constancia que impone respeto. No es una revolución, pero es un recordatorio vigorizante, la prueba de que la banda aún puede sorprender por su vitalidad cuando se niega a dejarse llevar.
Fiel pero reavivado
La fórmula sigue siendo evidentemente la misma, y nadie esperaba otra cosa. Pero Breakin’ Outta Hell demuestra que dentro de un marco tan estrecho, sigue siendo posible variar la intensidad. Al apretar su discurso y reinyectar ímpetu, Airbourne firma uno de sus discos más convincentes desde los inicios. La fidelidad a los principios no excluye el sobresalto, y la banda lo demuestra aquí con una buena energía.
Breakin’ Outta Hell es un excelente regreso en forma, más vivo y más tenso que su predecesor. No trastorna nada pero reaviva la llama, con un puñado de himnos que aguantan perfectamente su rango. Para los fans es un alivio; para los demás, una nueva demostración de que Airbourne, cuando se lo propone, sigue siendo uno de los mejores proveedores de hard rock sin complicaciones. Un disco que devuelve la fe en la longevidad de la banda.






