Quinto álbum, en 2019, Boneshaker prolonga la trayectoria de Airbourne sin desviarse ni un ápice. Producido por Dave Cobb, es el disco más corto y compacto de la banda, una nueva dosis de hard rock australiano a fondo. El principio es inmutable: energía, riffs tomados de AC/DC y estribillos para corear, servidos sin la menor pretensión. A estas alturas de la carrera, uno sabe exactamente lo que va a encontrar, y Airbourne entrega su mercancía con la regularidad de un metrónomo.

Siempre a tope

Boneshaker acelera de principio a fin, sin tiempos muertos ni adornos. Temas como Boneshaker, Burnout the Fuse o Backseat Boogie encadenan himnos de pelea hechos para el escenario. La voz rasgada de Joel O’Keeffe y la sección rítmica apisonadora hacen el trabajo con la eficacia de una máquina bien engrasada. Nada sobresale, todo va directo al grano: es rock bruto y festivo, sin sorpresa pero sin fallo, fiel a una receta que la banda no piensa ni por un segundo modificar.

Corto y sin rodeos

La brevedad del disco juega a su favor: diez temas, media horita, y asunto zanjado. Esta concisión evita el escollo del relleno que a veces acechaba a la banda, y mantiene la intensidad de cabo a rabo. Airbourne va a lo esencial, y esa economía de medios sirve bien a un discurso que nunca necesitó alargarse. Uno lo toma, lo encaja, y sale con una sonrisa, sin haber visto pasar el tiempo.

El último hasta la fecha

Boneshaker no trastorna evidentemente nada, y no lo pretende. Simplemente confirma que Airbourne sigue siendo un proveedor fiable de hard rock sin complicaciones, capaz de mantener el rumbo álbum tras álbum. Para quien ama la banda, es una nueva dosis de placer culpable asumido; para los demás, una enésima demostración de una fórmula que nunca cambiará. La constancia como profesión de fe, hasta el final.

Boneshaker es un álbum eficaz y sin sorpresa, a imagen de una carrera enteramente dedicada a la fidelidad. Corto, rápido y honesto, no decepciona a los fans aunque no convertirá a nadie. Airbourne sigue siendo aquí lo que siempre ha sido: una banda que toca una sola partitura, pero la toca con una energía y una sinceridad intactas. Un disco más al servicio de una idea simple e indestructible del rock.