Nacidos en el Estocolmo de mediados de los 2010, Viagra Boys se impusieron en pocos discos como una de las voces más mordaces del post-punk contemporáneo. Liderados por el carismático e imprevisible Sebastian Murphy, han hecho de la burla su arma: la de una época saturada de conspiranoia, masculinidad tóxica y credulidad digital. Cave World, su tercer álbum, radicaliza esa empresa de demolición con una lucidez glacial.
La crítica, ampliamente ganada (82 de media sobre diez reseñas), celebra la inteligencia de un disco que logra hacer reír del hundimiento. Bajo su apariencia de fiesta ebria, Cave World traza el retrato de un hombre de las cavernas moderno, regresivo y paranoico, avatar de un presente donde la razón retrocede. La prensa alaba tanto la verba del texto como la precisión de la ejecución.
Musicalmente, la banda afina un cóctel detonante: bajos gomosos heredados del post-punk, saxofón demente, arrebatos electrónicos y grooves casi bailables. La producción, seca y nerviosa, deja todo el espacio a la voz áspera de Murphy, a ratos predicador alucinado y a ratos bufón desengañado. Es un caos perfectamente organizado.
Se podrá objetar que esa acumulación de escenas grotescas acaba girando en el vacío, y que la risa, a fuerza, enmascara cierta vacuidad emocional. El disco prioriza la carga sobre la introspección, y el oyente en busca de carne y sangre se quedará a veces con hambre.
Veredicto: 8/10. Un disco feroz, gracioso y profundamente desesperado, que confirma a Viagra Boys como satíricos mayores de una modernidad a la deriva.



