Existe un color Katatonia. Un gris azulado de final del día, una luz declinante, esa melancolía afelpada que, desde el cambio de los 2000, es la firma de la banda sueca. Antiguos heraldos del death/doom, Jonas Renkse y Anders Nyström mudaron hace tiempo hacia un metal atmosférico y refinado, más cerca del rock progresivo que de la brutalidad de sus inicios. Sky Void of Stars, aclamado por una crítica fiel (84 de media sobre ocho reseñas), ofrece una nueva y soberbia variación.
Lo que impacta es la constancia del sentimiento. Katatonia solo habla de una cosa —la pérdida, la noche interior, la lenta erosión de las cosas— pero lo hace con una justeza que no se desmiente. La voz de Renkse, murmullo herido, traza melodías de una belleza frágil, sostenidas por guitarras ingrávidas y una producción de refinamiento extremo.
La prensa nota, con razón, que el disco introduce un asomo de dinamismo, algunos destellos más luminosos que agujerean la grisura. Ahí reside toda la sutileza de esta banda: no hundirse nunca del todo, dejar filtrar, entre las nubes, una claridad que hace soportable la melancolía, casi dulce.
Se podrá objetar que Katatonia se repite, que cultiva su jardín sin buscar ya franquear sus muros. Es cierto. Pero ese jardín es de tal belleza que se le perdona fácilmente no querer salir de él.
Veredicto: 8. Un disco de una elegancia melancólica sin fisuras, para esas noches en que uno busca menos curarse de su tristeza que contemplarla.



