Formados en Londres a finales de los 2000, los seis músicos de Haken se impusieron en una década como una de las puntas de lanza del metal progresivo moderno, herederos confesos de Dream Theater pero nutridos de referencias más amplias, del jazz-rock a las músicas electrónicas. Fauna, su sexto álbum de estudio, prosigue esa exploración vinculando cada tema a un animal, pretexto para una galería de retratos sonoros tan variados como ambiciosos.

La crítica (82 de media sobre ocho reseñas) celebra una escritura de riqueza constante, sostenida por una sección rítmica de precisión temible y por las melodías de Ross Jennings, cantante de timbre cálido que humaniza la complejidad de los arreglos. Se elogia la capacidad de la banda para hacer convivir pasajes abruptos y estribillos luminosos.

Musicalmente, Fauna despliega todo el arsenal del género: compases cambiantes, teclados frondosos, guitarras ora metálicas ora aéreas. Pero Haken evita el escollo de la demostración fría inyectando en sus composiciones una teatralidad, un sentido del relato que mantiene al oyente en vilo de principio a fin.

Queda que esa abundancia tiene su reverso: de querer abarcarlo todo, el disco carece a veces de un hilo conductor emocional, y ciertos temas impresionan más de lo que conmueven. La embriaguez técnica, en Haken, puede rozar la sobrecarga.

Veredicto: 8/10. Un disco frondoso y brillantemente ejecutado, que confirma a Haken en la cima de un metal progresivo juguetón y culto.