En la escena noruega hay bandas que prefirieron, a la repetición del dogma, la aventura de la metamorfosis. Dødheimsgard —DHG para los iniciados— es una de ellas. Nacida en la ebullición del black metal de los 90, la banda no ha dejado desde entonces de derivar hacia territorios más extraños, más mentales. Black Medium Current, coronado con un notable 89 sobre ocho reseñas, constituye quizá su culminación.
La crítica, unánime, habla de un disco-mundo. El black metal ya no es aquí un fin sino un punto de partida: a partir de sus blasts y trémolos, DHG construye una arquitectura progresiva, psicodélica, donde afloran el krautrock, el jazz espectral, una forma de melancolía cósmica. La prensa celebra una ambición poco común, la de una banda que piensa la música extrema como un espacio de exploración más que como un catecismo.
La escucha exige paciencia —Black Medium Current no se entrega a la primera— pero recompensa. Las melodías vocales, casi encantadas, dialogan con guitarras tan bellas como amenazantes; el disco respira, se dilata, se extravía voluntariamente para volver mejor. Es black metal para espíritus curiosos, de los que la sola violencia ya no sacia.
Veredicto: 9. Treinta años después de sus inicios, Dødheimsgard no ha perdido nada de su audacia; al contrario, la ha llevado a un grado de logro poco común. Uno de los grandes discos noruegos de la década.



