Hacía falta cierto aplomo para mantener viva a Immortal sin Abbath. Desde la tumultuosa marcha, a mediados de los 2010, de su cantante-guitarrista emblemático, la banda noruega descansa ahora sobre los solos hombros de Demonaz, durante mucho tiempo letrista y cerebro conceptual del reino imaginario de Blashyrkh. War Against All, primer álbum concebido enteramente bajo esta nueva configuración, tenía por tanto valor de prueba. La crítica (80 de media sobre ocho reseñas) confirma que la apuesta se cumple.
Lo que se celebra es, ante todo, la fidelidad a una identidad forjada ya en los 90: ese black metal épico, marcial, de trémolos tallados en hielo, que hizo de Immortal uno de los pilares de la escena de Bergen. Nada aquí traiciona la herencia; todo, al contrario, concentra sus rasgos más reconocibles, como para recordar quién posee las llaves del dominio.
Musicalmente, el disco avanza al descubierto: riffs galopantes, una producción nítida y potente, estribillos casi himnarios que recuerdan que esta banda siempre amó la grandilocuencia asumida. La voz rasgada de Demonaz, menos cavernosa que la de su antiguo compañero, impone un color propio, más áspero, más frontal.
Se lamentará que War Against All apenas asuma riesgos: el álbum se mueve en terreno conocido, sin buscar nunca sorprender ni ampliar el vocabulario de la banda. Es un disco de continuidad más que de invención, que tranquiliza sin conmocionar.
Veredicto: 8/10. Una afirmación sólida y sin complejos, que prueba que Immortal puede sobrevivir a su mito. El frío, aquí, no ha perdido nada de su mordiente.



