Surgidos de Brisbane a principios de los 2010, Caligula’s Horse se alzó lentamente al primer plano de un metal progresivo a la vez melódico e introspectivo, sostenido por el dúo que forman el guitarrista Sam Vallen y el cantante Jim Grey. Charcoal Grace, su sexto álbum, nació a la sombra de los confinamientos y el aislamiento: un disco grave, escrito como una meditación sobre la incertidumbre y la resiliencia.

La crítica (85 de media sobre ocho reseñas) ve en él, con razón, una cima en la discografía del grupo. Se celebra la coherencia de un álbum conceptual que nunca cede a la facilidad, la profundidad de los textos, y sobre todo la voz de Jim Grey, cuya claridad casi soul confiere al conjunto una carga emocional poco común en el género.

Musicalmente, el disco equilibra la pesadez y la finura: largas suites en varios movimientos, riffs angulosos, pero también pasajes desnudos donde la guitarra acústica y la voz bastan para portar la emoción. Caligula’s Horse compone como se construye un relato, con un sentido de la dinámica y el silencio que distingue netamente a la banda de sus pares más demostrativos.

La densidad del conjunto puede, es cierto, exigir del oyente una atención sostenida: Charcoal Grace no se entrega a la primera, y su gravedad constante deja poco espacio para respirar. Es el precio de una ambición poco común, plenamente mantenida.

Veredicto: 8.5/10. Una obra madura y conmovedora, uno de los grandes discos progresivos de este inicio de década.