Antes de llamarse Unto Others, esta banda de Portland llevaba otro nombre, y Mana sale bajo esa identidad primera, la de un colectivo que aún buscaba los contornos exactos de su romanticismo negro. Se siente en este disco una banda que viene del heavy metal tradicional pero que mira hacia el post-punk y el rock gótico con una sinceridad que evita el pastiche. El resultado, lejos de ser una simple colección de reminiscencias de los ochenta, se sostiene por la fuerza de sus melodías y por una voz que canta como se declama, con un vibrato cargado de un spleen teatral pero nunca ridículo.

Give Me the Grave, la puerta de entrada

El tema de apertura marca el tono inmediatamente: riffs de guitarra contundentes, bajo que galopa debajo, y esta voz que alterna entre urgencia punk y grandielocuencia gótica. Es una opción de apertura astuta, que resume en pocos minutos todo lo que el disco va a desarrollar después. Se escucha en él la voluntad de fusionar la energía del heavy metal clásico con una oscuridad más romántica, más habitada, que debe tanto a Sisters of Mercy como a Iron Maiden en su período de canto limpio y melodías solares invertidas en menor.

Un romanticismo negro sin exceso de maquillaje

Lo que impacta en Mana es la ausencia de engaño. Nada de producción excesivamente pulida que venga a allanar las aristas, nada de capas de efectos vocales para simular melancolía. Las guitarras tienen un grano analógico, seco, casi nervioso, y la rítmica conserva una rigidez punk que impide que el disco se hunda en el kitsch gótico de fachada. Los estribillos están escritos para ser cantados, con una evidencia melódica que recuerda que esta banda también viene de un mundo donde el hardcore y el heavy metal comparten las mismas escenas y los mismos públicos. Esta hibridación produce temas que avanzan sin pesadez, que saben a dónde van sin nunca volverse predecibles.

El grano de las guitarras, la espina dorsal

A lo largo de la escucha, es el sonido de guitarra el que realmente estructura la identidad del disco: líneas melódicas simples pero efectivas, frecuentemente dobladas en armonía, que evocan el heavy metal melódico sin caer jamás en la facilidad del solo gratuito. La rítmica, por su parte, se mantiene sólida y discreta, sirve la canción antes que buscar impresionar. Se podría reprochar al disco cierta linealidad de estructura en su segunda mitad, donde los temas siguen un esquema bastante similar entre sí: verso, estribillo pegadizo, puente melancólico. Pero esta repetición de fórmula nunca impide que la escucha sea agradable, sostenida por una sinceridad que atraviesa cada tema.

Mana no es un disco que revolucione nada, pero tiene el raro mérito de ofrecer un gothic metal que no se toma por teatro fúnebre congelado en el pasado. Hay en este disco una vitalidad, una urgencia casi punk, que lo distingue de muchas producciones del género. Es un álbum de transición en la trayectoria del grupo, pero es también ya una propuesta coherente y personal, que anuncia claramente lo que la continuación afinaría. Una escucha recomendada para quien busque un poco de oscuridad melódica sin naftalina.