Revelados a principios de la década por un primer álbum aclamado, los británicos de Yard Act podrían haberse contentado con reproducir la receta que había hecho su éxito: un post-punk impertérrito, sostenido por el fraseo hablado y sarcástico de James Smith. Con Where’s My Utopia?, la banda de Leeds toma el camino contrario y rechaza el inmovilismo, aun a riesgo de desconcertar a parte de su público.

La crítica (82 de media sobre diez reseñas) celebra esa ambición. La prensa alaba un disco que, en vez de repetir la partitura esperada, se aventura por el lado del pop, el funk, el disco y la electrónica, inyectando color y groove en un género a menudo austero. Yard Act interroga aquí, no sin autoironía, el precio del éxito y el vértigo del reconocimiento súbito.

Musicalmente, Where’s My Utopia? multiplica las ideas: metales, samples, coros, cambios de ritmo abruptos. Es un disco frondoso, casi demasiado lleno, donde la verba textual de Smith se despliega sobre arreglos mucho más ricos y bailables que en los inicios de la banda.

Esa frondosidad es también el límite del ejercicio: al querer abarcarlo todo, el álbum pierde por momentos coherencia, y ciertas audacias suenan como experimentos no del todo digeridos. La energía compensa, pero la sobrecarga acecha.

Veredicto: 8/10. Un segundo álbum valiente y generoso, que prefiere el riesgo a la comodidad: una elección que, pese a sus imperfecciones, merece respeto.