Take Control marca un claro endurecimiento del discurso. No Turning Back parece decidido aquí a retomar el mando, sobre su música tanto como sobre su destino. El disco pega más seco, va más rápido y exhibe el aplomo de un grupo rodado que sabe con precisión el efecto que quiere provocar. Es quizá uno de los álbumes más cortantes del grupo, aquel en que la experiencia acumulada se convierte en pura eficacia ofensiva. Lejos de apaciguarse con los años, No Turning Back parece al contrario endurecer el tono, como para probar que el tiempo no tiene ningún agarre sobre su determinación.

Retomar el mando

El título resume el estado de ánimo: dejar de padecer, decidir. Las letras cultivan la autonomía, la responsabilidad, la voluntad de trazar el propio camino sin esperar el permiso de nadie. Esa energía de reconquista da a los temas una tensión añadida, como si el grupo tocara con un cuchillo entre los dientes. El hardcore de convicción se vuelve aquí hardcore de afirmación, una reivindicación de control sobre la propia existencia. Ese tema, sostenido por una música tan frontal, resuena como un grito de unión para todos los que se niegan a que les dicten su conducta.

Seco y cortante

Musicalmente, todo está apretado al extremo. Los temas no se demoran nunca, los riffs son más incisivos, los breakdowns caen con la precisión de un gancho. La producción, más densa, pone por delante la pesadez de las guitarras sin ahogar la velocidad. Es un No Turning Back en la cima de su pegada, que aprendió a concentrar toda su intensidad en el formato más escueto posible. Cada segundo cuenta, cada nota sirve al impacto, en una demostración de eficacia que no da tregua al oyente.

La disciplina del puño

Lo que hace convincente a Take Control es su disciplina. Nada sobresale, nada se arrastra: cada segundo trabaja al servicio del impacto. Ese rigor casi marcial encaja a la perfección con el discurso del álbum. Se intuye un grupo que ha hecho la criba, que sabe lo que funciona ante un público y lo explota sin remordimientos. La eficacia se vuelve aquí una forma de elegancia, la marca de un colectivo que alcanzó su plena madurez sin perder nada de su filo ni de su rabia.

Take Control es un disco a pleno régimen, sin tiempos muertos ni concesiones. No busca ampliar el espectro del grupo sino endurecer su núcleo, y lo consigue con holgura. Para quien ama el hardcore directo, físico y sin fisuras, es una de las cimas de la discografía: la prueba de que, tras tantos años, No Turning Back no ha perdido nada de su capacidad de golpear, y hasta la ha afilado. Un disco de veteranos hambrientos, que pega con la frescura de los inicios y la precisión de la edad madura.