Venidos de Leeds, en el norte de Inglaterra, Higher Power irrumpieron con un hardcore que se negaba a dejarse encasillar. Soul Structure, su primer álbum publicado en 2017, sienta las bases de una identidad singular: la de una banda que bebe tanto del hardcore como del alternativo de los años noventa, aun a riesgo de desconcertar a los puristas.
Un hardcore de colores alternativos
Lo que salta a los oídos es el espacio concedido al groove y a la melodía. Las guitarras alternan riffs masivos y líneas más limpias, casi funk por momentos, mientras la voz oscila entre el grito hardcore y un canto más melódico. Uno piensa a veces en la escena de Seattle, en cierto rock alternativo teñido de cultura skate, tanto como en los fundamentos del hardcore. Esa hibridación da al disco un color inusual.
Una juventud llena de ideas
Soul Structure respira el entusiasmo de una banda que se atreve. Los cambios de ritmo abundan, las atmósferas varían, y se percibe una voluntad de no repetirse jamás. Esa generosidad es el encanto del disco: cada tema intenta algo, ya sea un puente más atmosférico o un estribillo pegadizo. La producción, cruda pero legible, deja todo el espacio a esa energía juvenil.
Ese eclecticismo tiene, sin embargo, un reverso. Al querer abarcarlo todo, el álbum carece a veces de cohesión, y ciertas ideas habrían merecido más profundización. La voz, aún en construcción, no siempre convence en sus pasajes melódicos. Se percibe una banda en ciernes, llena de promesas, pero que aún no ha hallado el equilibrio perfecto entre sus múltiples influencias.
Un primer paso prometedor
Soul Structure no es un disco perfecto, pero es un primer trazo estimulante, el de una banda que rechaza las casillas. En él Higher Power afirma una personalidad rara en el hardcore británico, hecha de audacia y curiosidad. Los cimientos puestos aquí anuncian mañanas apasionantes. Un álbum para escuchar como una promesa, con sus torpezas y su insolente frescura.








