Sopla sobre This Heathen Land un viento de páramo inglés, de piedras alzadas y rituales paganos. Green Lung, quinteto londinense convertido en pocos años en uno de los grandes asuntos del renacer del heavy rock, cultiva aquí un imaginario folclórico y oculto servido por una escritura de temible eficacia. La crítica no se equivoca: 85 de media sobre siete reseñas, y un estatus de favorito confirmado.
La receta, en apariencia, no tiene nada de nuevo: riffs grasos heredados de Black Sabbath, un órgano Hammond omnipresente que evoca las grandes horas del hard rock de los 70, estribillos concebidos para corearse. Pero Green Lung le añade un sentido de la melodía y una ciencia de la composición que los distinguen netamente de la masa de bandas retro.
Lo que seduce es el equilibrio entre la pesadez y la luz. El disco es oscuro en su discurso —brujería, naturaleza indómita, memoria soterrada de la Inglaterra profunda— pero luminoso en su ejecución, sostenido por vuelos casi solares. Se piensa en un Blue Öyster Cult que hubiera crecido entre las brumas británicas.
La prensa celebra una producción amplia y cálida, que realza cada estrato del arreglo. Green Lung no reinventa nada, pero ejecuta su programa con una clase y un gozo que se ganan la adhesión.
Veredicto: 8.5. Un disco generoso, melódico y orgullosamente anclado en su tierra: la prueba de que el heavy rock, bien tocado, no ha perdido nada de su poder de hechizo.



