Pocas bandas han tenido una trayectoria tan sinuosa como Cave In. Surgidos en el cambio de los 2000 como una de las puntas de lanza de un post-hardcore aventurero, los de Boston no han dejado de oscilar entre agresión y melodía, entre metal y rock espacial. Heavy Pendulum, primer álbum desde la desaparición de su bajista Caleb Scofield, marca un regreso esperado, impregnado de un peso afectivo particular.
La crítica (83 de media sobre ocho reseñas) celebra un disco abundante, casi suma, donde la banda mezcla todas las facetas de su historia. Se encuentra la pesadez del sludge, los vuelos melódicos heredados de Jupiter, los riffs cortantes del metalcore de sus inicios, todo servido por una producción amplia y cálida.
Lo que impacta es la generosidad del planteamiento: más de una hora de música, una paleta extensa, un sentido de la escritura que privilegia los grandes estribillos tanto como las descargas frontales. Cave In parece querer decirlo todo, abarcarlo todo, como para honrar una amistad rota.
Esa profusión es también el límite del disco: al querer condensarlo todo, Heavy Pendulum pierde a veces en concreción, y su duración generosa diluye aquí y allá el impacto. Una criba más severa habría hecho sin duda el conjunto más contundente.
Veredicto: 8/10. Un regreso rico y sincero, sostenido por una emoción palpable, que confirma la singularidad duradera de una banda aparte.



