Apenas hace falta presentar a Cannibal Corpse. Desde finales de los 80, la banda de Buffalo encarna, a ojos del gran público como de los iniciados, el death metal en su forma más emblemática. Chaos Horrific, decimosexto álbum de estudio, aparecido a continuación del anterior, confirma una productividad y una regularidad que pocos veteranos pueden reivindicar. La crítica (80 de media sobre nueve reseñas) celebra un disco sólido, sin fisura aparente.
La receta es conocida: riffs angulosos y veloces, la voz cavernosa de George Fisher, una sección rítmica de una precisión quirúrgica, y esa imaginería gore que hizo la reputación —y a veces el escándalo— de la banda. Cannibal Corpse no cambia nada de una fórmula probada, y la ejecuta con el dominio absoluto que confiere la experiencia.
La crítica celebra la vitalidad intacta de una banda que, tras más de treinta años, toca aún con una convicción y una energía de jóvenes. La producción, moderna y cortante, realza el tecnicismo de una ejecución impecable. Los temas, eficaces, se encadenan con la brutalidad metódica que es la seña de identidad de la formación.
Queda que Chaos Horrific no sorprende a nadie: el disco es excelente en su registro, pero no añade nada a un catálogo ya pletórico, y se funde en una discografía donde los álbumes acaban por confundirse. La constancia tiene sus límites, y al oyente le cuesta distinguir este disco de sus predecesores inmediatos.
Veredicto: 8/10. Un disco impecablemente ejecutado, digno de una institución que nunca decepciona del todo, pero que tampoco sorprende ya apenas.



