En 2013, Balance and Composure confirmó con este segundo álbum que ocupa un lugar aparte en la escena post-hardcore estadounidense. La banda de Pensilvania no busca la velocidad ni la agresión frontal, sino una densidad sonora, una pesadez melódica heredada del rock alternativo de los años noventa. The Things We Think Were Missing es un disco que se toma su tiempo, aunque eso exija atención, aunque desanime a la escucha apresurada.

Una pesadez que respira

El sonido del disco impresiona de entrada por su espesor. Las guitarras acumulan capas, entre riffs graves y mantos más aéreos, mientras la sección rítmica cava un surco lento y poderoso. Esa masa sonora nunca aplasta la melodía: la sostiene, la envuelve, le da peso. Se piensa tanto en el grunge como en el post-hardcore, en esa manera de hacer convivir la dulzura y la rabia en un mismo tema, a veces en un mismo compás, sin decidirse nunca del todo.

La voz como hilo conductor

La voz, a veces susurrada y a veces aullada, sostiene todo el edificio. Pasa de la confidencia a la explosión sin transición brutal, siguiendo las subidas y los huecos de la escritura. Esa dinámica, ese juego constante entre contención y desbordamiento, está en el centro de la identidad del grupo. Las melodías vocales son fuertes, memorables, pero nunca buscan la facilidad del estribillo inmediato. Hacen falta varias escuchas para que las canciones se desplieguen de verdad y revelen su relieve.

La coherencia como brújula

Quizá ahí esté el límite del disco: su homogeneidad, su densidad continua, pueden acabar cansando al oído distraído. El álbum pide un compromiso real, una escucha atenta, y recompensa mal el sobrevuelo. Algunos temas se parecen en su construcción, y el conjunto sin duda habría ganado con más contrastes. Pero ese reproche es también la cara oculta de una virtud: la coherencia estética, la voluntad de cavar un surco en lugar de multiplicar las direcciones, de hacer un disco en vez de una colección de temas. En ese sentido, el disco se parece a sus autores: paciente, entero, poco preocupado por gustar rápido. Se vuelve a él como se relee un libro difícil, descubriendo cada vez una capa que se había pasado por alto.

The Things We Think Were Missing sigue siendo un hito importante de su época, un disco que marcó la escena post-hardcore melódica de comienzos de los años dos mil diez. Muestra a un grupo seguro de sus recursos, capaz de escribir canciones a la vez pesadas y sensibles, sin caer nunca en la demostración. No es un álbum que se entregue a la primera, sino que gana al profundizar en él, al escucharlo entero, sin distracción. Para quien ama las guitarras masivas y las emociones a flor de piel, ofrece una materia densa, sincera y duradera, de esas que se redescubren con los años. Un disco sólido, exigente y entrañable.