Publicado en 2015, Hyperview marca un giro claro en la trayectoria de Title Fight. La banda de Pensilvania abandona en gran medida el ímpetu punk de sus inicios para abrazar una estética mucho más atmosférica, teñida de shoegaze y dream pop. Editado en el sello ANTI-, este disco dividió a parte del público, pero refleja una voluntad sincera de evolucionar en lugar de repetirse. Tras la energía cruda de Shed y la madurez de Floral Green, este tercer álbum afirma el deseo de explorar otros territorios sonoros, aun a riesgo de sorprender a los seguidores de la primera hora.
Un giro asumido
El cambio se escucha desde los primeros compases: las guitarras se envuelven en reverb, la voz se vuelve más aterciopelada, casi susurrada, y el tempo general se calma. Allí donde Shed embestía, Hyperview flota y se toma su tiempo. La producción, más vaporosa, pone el acento en las texturas y las atmósferas más que en el golpe frontal. Se piensa en la influencia de bandas de shoegaze inglesas de los años noventa, reinterpretada a través del prisma de un grupo surgido del punk y del hardcore, lo que da una mezcla singular y coherente.
La bruma como materia
Esta transformación no está exenta de riesgo, y el disco pierde algo de la inmediatez que daba encanto a la banda. Algunos temas, como Chlorine o Rose of Sharon, encuentran un bello equilibrio entre melancolía y melodía, con estribillos que se revelan poco a poco. Otros pasan casi inadvertidos, por falta de un gancho lo bastante marcado para retener la atención de forma duradera. La voz en segundo plano, sumergida en la mezcla, contribuye al ambiente pero a veces frustra a quien busca puntos de anclaje más francos.
La apuesta por la paciencia
Hay que aceptar, por tanto, escuchar Hyperview como un todo, una inmersión en una bruma coherente más que una colección de éxitos. Para quien acepte esa propuesta, el disco revela encantos discretos a lo largo de las escuchas repetidas, y gana en profundidad lo que pierde en inmediatez. Es un álbum que se merece, y que recompensa la paciencia de quienes aceptan perderse en él.
Álbum de transición audaz, Hyperview divide pero merece respeto por su rechazo de la comodidad. Muestra a una banda dispuesta a reinventarse, aun a costa de desconcertar, y sigue siendo una etapa fascinante de la escena punk emo, a menudo revalorizada con el tiempo por quienes al principio la rechazaron.






