Con Deep Blue, en 2010, Parkway Drive confirma su estatus de figura de proa del metalcore mundial. Tercer álbum del quinteto de Byron Bay, empuja más lejos el equilibrio entre brutalidad y melodía iniciado en Horizons, con una producción más amplia y una escritura más ambiciosa. La banda australiana afina su fórmula sin traicionar su espíritu, ganando en profundidad lo que pierde en espontaneidad juvenil. Impulsado por una acogida entusiasta, en especial en su país natal donde trepó muy alto en las listas, Deep Blue marca una etapa importante en la maduración del grupo.

La ola y la furia

Fiel a su imaginería marítima, Deep Blue rompe como una marejada. Temas como Karma, Sleepwalker o Deliver Me combinan riffs masivos, breakdowns arrasadores y fulguraciones melódicas. La banda juega con habilidad con los contrastes, alternando diluvios de violencia y respiraciones más atmosféricas. Winston McCall, tan vehemente como siempre tras el micrófono, despliega aquí una paleta ampliada, del grito puro a inflexiones más matizadas. El conjunto da fe de un grupo que ya no se contenta con golpear, sino que busca contar, llevar al oyente a un verdadero viaje sonoro, tenso e inmersivo.

Una madurez asumida

Lo que distingue a Deep Blue de sus predecesores es esa voluntad de ampliar el marco sin renunciar al impacto. Las estructuras se complejizan, los arreglos ganan en finura, las melodías se imponen con más evidencia. La banda cuida las transiciones, trabaja las atmósferas y logra insuflar una dimensión casi épica a sus temas. Esa subida de nivel, palpable en cada escucha, anuncia ya las evoluciones más radicales de los álbumes siguientes. Parkway Drive demuestra aquí que puede evolucionar sin renegar de sí mismo, una cualidad rara en un género a menudo prisionero de sus propios códigos.

La base de los triunfos por venir

Tanto en lo comercial como en lo crítico, Deep Blue consolidó la posición del grupo entre las cabezas de cartel del metalcore. En Australia se instaló en lo alto de las listas, confirmando la magnitud del fenómeno. Las giras mundiales que siguieron acabaron de asentar la reputación escénica del quinteto, capaz ya de llenar grandes salas en todo el mundo. Este disco, citado a menudo entre los favoritos de los seguidores, constituye una bisagra: aquella en que Parkway Drive deja de ser un simple grupo de metalcore para convertirse en una institución, un nombre que cuenta más allá de las fronteras del género.

Deep Blue es quizá el álbum más logrado de la primera etapa de Parkway Drive, aquel en que el equilibrio entre rabia y ambición alcanza su punto culminante. Conserva toda la potencia de los inicios a la vez que anuncia los horizontes más vastos que el grupo exploraría después. Ni renuncia ni estancamiento, encarna la evolución ideal de una formación en la cima de su arte. Para muchos sigue siendo un hito ineludible, un disco que marcó de forma duradera el metalcore y que no ha perdido, aún hoy, nada de su fuerza arrastradora.