Pocas bandas llevan la experimentación sonora tan lejos como Gilla Band. El cuarteto irlandés —rebautizado tras llevar largo tiempo otro nombre— ha hecho de la distorsión, el acople y el tratamiento electrónico de las guitarras el corazón mismo de su música. Most Normal radicaliza ese enfoque: es un disco donde el ruido ya no es un accidente sino una materia prima, moldeada con una precisión de orfebre.
La crítica (85 de media sobre nueve reseñas) celebró la audacia de una obra que empuja los límites del post-punk y del noise rock. En Gilla Band, las guitarras ya no suenan como guitarras: chisporrotean, crepitan, se desintegran, transformadas en texturas extrañas que evocan tanto la música industrial como la electrónica más abrasiva.
Sobre ese caos dominado, la voz de Dara Kiely despliega un flujo de palabras ansiosas, fragmentadas, casi alucinadas, que dicen el desasosiego interior y la angustia contemporánea. La rítmica, por su parte, ancla el conjunto en una pulsación obsesiva, ofreciendo un punto de apoyo en medio del estruendo.
Esa radicalidad marca también el límite del disco: Most Normal es una experiencia dura, que exige del oyente una tolerancia cierta al ruido y al malestar. Quienes busquen melodías o estribillos saldrán defraudados. Pero quien acepte dejarse desorientar encontrará en él una riqueza insospechada.
Veredicto: 8.5/10. Un disco exigente y profundamente inventivo, que prueba que el ruido puede esculpirse como una materia noble. Una experiencia aparte.



