Venida de Singapur, territorio poco reputado por sus exportaciones extremas, Wormrot se ha impuesto con los años como una de las formaciones más vitales del grindcore mundial. Hiss, aparecido en un contexto turbio para la banda, marca la culminación de una trayectoria que no ha dejado de empujar los límites de un género a menudo tachado de monolítico. La crítica (85 de media sobre once reseñas) ve en él una obra de ruptura.

Pues Wormrot ya no se conforma con la furia bruta y los temas exprés heredados de Napalm Death. El trío inyecta texturas inesperadas —un violín estridente, planos casi post-rock, rupturas de tono que estiran el formato habitual del grindcore. La voz de Arif Rot, desollada hasta la sangre, despliega una paleta emocional poco común en un registro que de ordinario privilegia la agresión pura.

La prensa celebra esa ambición ampliada, esa manera de hacer del grindcore un vector de emoción tanto como de violencia. Los veintiún temas se encadenan sin tiempos muertos, pero reservan respiraciones, zonas de sombra, una dramaturgia que escapa al simple aluvión. El disco respira una urgencia desesperada, casi catártica.

Se lamentará quizá que ese estallido de los códigos enturbie por momentos la legibilidad del conjunto: por querer sorprender en exceso, Hiss pierde a veces el hilo de su propia rabia. Pero esa toma de riesgo, aunque desconcierte, impone respeto.

Veredicto: 8.5/10. Un disco de grindcore maduro y desgarrador, que prueba que el género más abrasivo puede convertirse también en un espacio de expresión íntima. Una despedida suntuosa de una cierta idea de la banda.