Desde hace veinte años, Swallow the Sun se ha hecho el cronista paciente del duelo y la pérdida. Nacida a principios de los 2000, la banda finlandesa ha construido una de las obras más conmovedoras del doom metal melódico, marcada por dramas íntimos que han inflexionado de forma duradera su música. Shining, su octavo álbum, sorprende por su título tanto como por su planteamiento: tras años de tinieblas, la formación se atreve aquí con la claridad.
La crítica, positiva (81 de media sobre siete reseñas), celebra esa inflexión. El disco conserva la pesadez característica de la banda —riffs aplastantes, tempos reptantes, growls venidos de los abismos— pero le añade una dimensión casi atmosférica, pasajes más aéreos, una luz tenue que atraviesa la grisura. Se elogia una paleta ampliada, una emoción siempre a flor de piel.
Musicalmente, Swallow the Sun juega con el contraste entre el aplastamiento doom y vuelos melódicos de gran dulzura. La voz, ora susurrada, ora cantada, ora rugida, porta textos de una melancolía asumida. La producción, cuidada, realza esa dualidad entre el peso de la desesperación y la esperanza frágil que la acompaña.
Se lamentará quizá que esa búsqueda de luz atenúe por momentos la potencia devastadora que era la seña de la banda. Shining es un disco más dulce, menos aplastante, que dividirá a los fieles apegados a la negrura de los inicios. Esa evolución, si bien seduce, se paga con una intensidad ligeramente mermada.
Veredicto: 8/10. Un disco conmovedor y logrado, que prueba que el doom puede albergar una forma de esperanza. Un bello acierto, pese a una audacia a media tinta.