Con Every Six Seconds, Saliva da con la formula que los hara reconocibles: un nu metal de gran formato, alimentado por estribillos de estadio y una energia de fiesta algo chulesca. Josey Scott alterna rap con mala leche y un canto ronco, imponiendo un carisma inmediato.

El disco funciona a base de riffs sencillos pero eficaces, con ese instinto para el gancho que prioriza el impacto sobre la sutileza. Se intuye tanto las ganas de romperlo todo como las de hacer cantar a las masas.

Esa busqueda del exito tiene a veces un precio: algunas canciones suenan planas y calibradas para la radio. Aun asi, es un album vitaminado, sincero en su descaro, que captura el espiritu de hard rock festivo de comienzos de los dos mil y lanza de verdad al grupo.