Mutoid Man nació de las ganas de divertirse. Reuniendo a músicos de la crema del metal underground estadounidense —en particular Stephen Brodsky (Cave In) y Ben Koller (Converge)—, la banda cultiva una música a la vez sabia y desenfrenada, donde el tecnicismo se pone al servicio del placer más que de la demostración. Mutants, aclamado por la crítica (83 de media sobre ocho reseñas), ofrece una ilustración jubilosa.
Todo, aquí, va rápido. Los riffs vuelan, los breaks se encadenan, las melodías pop surgen en medio del caos como carcajadas. Mutoid Man juega con los códigos del metal, el noise rock y el hardcore, los retuerce, los recombina, sin tomarse nunca en serio, y es precisamente esa ligereza la que constituye su fuerza.
La crítica celebra la energía contagiosa del disco, su generosidad melódica, el virtuosismo desenfadado de unos músicos que ya no tienen nada que demostrar y tocan por el solo placer de tocar. Bajo la superficie lúdica, sin embargo, aflora un dominio real: las composiciones, en apariencia espontáneas, son de una precisión de relojero.
Mutants no busca la profundidad ni la revolución: busca la descarga, la adrenalina, la alegría bruta del rock pesado. Y lo consigue con una soltura que impone admiración.
Veredicto: 8. Un disco feroz y solar, que recuerda que el metal puede ser una fiesta tanto como una vía de escape. El placer de tocar, en estado puro.



