Procedentes de Sheffield, Inglaterra, Malevolence construyeron su nombre sobre un matrimonio brutal entre hardcore y metal. Reign of Suffering, su primer álbum publicado en 2013, sienta los cimientos de ese estilo híbrido que haría escuela al otro lado del Canal. El disco golpea por su pesadez y su hosquedad, aún sin la finura que llegaría más tarde.
El peso del metal
Desde las primeras notas, la influencia del groove metal y del death metal salta a los oídos. Los riffs son espesos, saturados de distorsión, la batería martillea, y la voz gutural refuerza esa impresión de asalto permanente. El hardcore interviene en los breakdowns devastadores, pensados para hacer temblar las salas. Malevolence asume aquí una brutalidad frontal, heredera tanto de los gigantes del metal como de la escena hardcore británica.
Una juventud rabiosa
Reign of Suffering respira la energía de una banda que quiere pelea. Las composiciones no se andan con sutilezas: van al grano, con una eficacia temible. Los amantes de los moshparts y de los riffs que golpean encontrarán aquí su gozo. Se percibe una formación aún joven, pero ya dotada de una identidad sonora fuerte y de un dominio instrumental que solo pide afinarse. La sinceridad del planteamiento se gana la adhesión.
El reverso de esa brutalidad es cierta falta de matiz. El álbum encadena asaltos sin variar siempre las atmósferas, y el oyente puede sentir una forma de hastío en la distancia. Las melodías, aún escasas, dejan poco respiro, y algunos temas se parecen. Se percibe el potencial de una banda que aún no ha hallado todas sus bazas, sobre todo melódicas.
Unos cimientos sólidos
Reign of Suffering no es el disco más logrado de Malevolence, pero es el que planta el decorado. En él la banda afirma una potencia bruta y una identidad metallic hardcore que desarrollaría con acierto después. Es un primer trazo masivo y sincero, un tanto monolítico, pero portador de bellas promesas. Un punto de partida a la altura de las ambiciones.








