Con Malicious Intent, publicado en 2022, los ingleses Malevolence, originarios de Sheffield, confirman su condición de fuerza emergente del hardcore metálico. Este disco casa con aplomo la pesadez del metal, la agresividad del hardcore y un sentido melódico heredado del groove y del blues rock. El resultado es un álbum ambicioso, generoso, que se niega a elegir entre la brutalidad y la finura, y que encuentra precisamente ahí su firma.

Una mezcla asumida de géneros

Lo que distingue de inmediato a la banda es su capacidad de hacer convivir universos que a menudo se creen incompatibles. Los riffs masivos y los breakdowns rabiosos conviven con solos melódicos, casi cálidos, tomados de la gran tradición del hard rock. Esa dualidad podría parecer artificial en otros, pero Malevolence la domina con una soltura notable. La banda pasa de la furia a la emoción sin ruptura, como si esas dos facetas fueran las dos caras de una misma moneda. Los solos, a menudo cargados de un feeling bluesero inesperado en este contexto, aportan una calidez casi humana que contrasta con la frialdad habitual del género y firma una de las marcas de fábrica de la banda.

La voz y la potencia

El canto alterna entre alaridos guturales y pasajes más limpios, sirviendo la amplitud emocional del disco. Esa variedad vocal acompaña los cambios de atmósfera y evita la monotonía que a menudo acecha al género. Las letras abordan temas de lucha interior, resiliencia y tormento personal, con una sinceridad que refuerza el impacto. Se percibe una banda que busca conmover tanto como golpear, crear un vínculo emocional más allá de la simple descarga física.

Entre ambición y coherencia

Esa riqueza tiene un precio: el álbum se dispersa a veces, tironeado entre sus distintas influencias. Los aficionados al hardcore puro podrán encontrar los pasajes melódicos demasiado marcados, mientras que los oyentes venidos por la finura lamentarán quizá ciertas pesadeces. Pero esa tensión es también lo que vuelve el disco vivo e imprevisible. Lejos de contentarse con una fórmula probada, Malevolence corre el riesgo de la hibridación, y esa audacia merece un aplauso, incluso cuando el equilibrio vacila. Esa búsqueda de equilibrio exige una escucha atenta, pues el disco se revela por capas, y a veces hacen falta varias pasadas para percibir la coherencia que une sus momentos más opuestos.

Al final, Malicious Intent se impone como un disco sólido y logrado, representativo de una escena británica en plena efervescencia. Malevolence demuestra aquí una madurez creciente, una capacidad de conjugar fuerza y matiz que lo sitúa entre las formaciones más interesantes de su categoría. Tal vez no sea una obra maestra definitiva, pero es una obra rica, generosa, que recompensa las escuchas repetidas. Confirma una banda en plena ascensión, que parece tener todavía buenas cartas que jugar. Un disco para recomendar sin dudarlo a los curiosos de los cruces entre metal y hardcore.