En apenas unos discos, el cuarteto de Denver se ha impuesto como una de las voces más entrañables del doom metal contemporáneo. La receta de Khemmis reside en un equilibrio poco común: la pesadez heredada del doom, pero suavizada por armonías de guitarra heredadas del heavy metal clásico y voces limpias de una calidez inmediata. Deceiver, su cuarto álbum, prolonga esa fórmula al tiempo que la arrastra hacia una negrura más íntima.

La crítica (83 de media sobre ocho reseñas) celebra un disco más ceñido, más oscuro que sus predecesores. Escrito en un periodo difícil para la banda, marcado por la duda y el cuestionamiento, Deceiver troca parte de su luz por una gravedad nueva, una introspección que aflora en cada estribillo.

Musicalmente, todo lo que hacía el encanto de Khemmis permanece: esos riffs masivos y melódicos, esos vuelos de guitarras gemelas que evocan tanto a Thin Lizzy como a Candlemass, esa voz que planea sobre la pesadez de los amplificadores. La producción, amplia y orgánica, deja respirar cada estrato sin sacrificar nunca el peso.

Se lamentará quizá que el disco, en su búsqueda de oscuridad, pierda un poco del impulso solar que hacía tan seductores a los anteriores. Algunos pasajes, más contemplativos, piden al oyente que espere antes de entregar su recompensa. Pero esa madurez asumida acaba por convencer.

Veredicto: 8/10. Un disco a la vez más grave y más personal, que confirma a Khemmis en su estatus de artesano refinado de un doom melódico y humano.