Citado a menudo entre los albumes mas pesados jamas grabados, Dopethrone (2000) es el tercer disco de los britanicos Electric Wizard y su cumbre absoluta. Liderado por Jus Oborn, el trio de Dorset forja un doom mugriento y alucinado, empapado de fuzz e imagineria oculta. Un muro de sonido aplastante que redefinio los limites de la pesadez e impuso un nuevo canon para toda una generacion. Grabado en condiciones deliberadamente asperas, lejos de toda comodidad de estudio, el disco respira una hostilidad que empieza desde los primeros segundos.
El peso hecho musica
Todo aqui respira saturacion extrema. Las guitarras afinadas muy bajo escupen riffs fangosos, el bajo retumba como un seismo, la bateria martillea con lentitud amenazante. El sonido, deliberadamente sucio, casi en descomposicion, sumerge al oyente en una niebla toxica de la que no sale indemne. Temas como Funeralopolis o Vinum Sabbathi se vuelven himnos del genero, versionados y venerados por miles de adeptos.
Lejos de la pulcritud de las producciones modernas, Dopethrone reivindica la mugre como estetica: cada nota parece filtrada por el humo y la paranoia. Es un disco que no se contenta con ser pesado, hace de la pesadez un principio filosofico, una manera de aplastar toda forma de ligereza.
Un imaginario oculto y cannabico
Los temas del disco mezclan horror, brujeria, ciencia ficcion y culto al cannabis. El propio titulo, juego de palabras entre trono y droga, resume ese universo donde colocarse y condenarse se confunden. Los samples de peliculas de terror y la atmosfera de ritual negro refuerzan esa sensacion de inmersion malsana, como si asistiera uno a una misa prohibida.
Electric Wizard no busca seducir sino aplastar, hechizar mediante la repeticion y la pesadez. La banda cultiva una misantropia asumida, un odio al mundo exterior que trasluce en cada riff. Se odia o se adora: no hay medias tintas ante un disco asi.
Un monumento del stoner doom
Editado por Rise Above, Dopethrone se convirtio pronto en una referencia ineludible, influyendo en toda una generacion de bandas de doom, sludge y drone. Su impacto radica en su radicalidad: pocos albumes han llevado tan lejos la logica del sonido aplastante, hasta sacrificar toda comodidad de escucha en favor de la sola intensidad.
Imperfecto por eleccion, hostil por naturaleza, este disco sigue siendo una experiencia fisica tanto como musical, una inmersion de la que se sale aturdido. La fuerza del trio reside en su capacidad de volver hipnotico el exceso: en lugar de cansar, la repeticion acaba atrapando, hasta una forma de trance malsano. Veinte anos despues, ninguna banda ha superado de veras este album en su propio terreno, el de la pesadez ultima. Una obra maestra de fealdad sublime, cumbre del doom moderno y patron absoluto para quien quiera saber hasta donde puede llegar la pesadez. Nota: 9.5.








