Publicado en 2009, Count Me In confirma la solidez de Death Before Dishonor dentro de la escena hardcore de Boston. Banda de gira incansable, célebre por su intensidad en directo, la formación entrega aquí un disco fiel a sus valores: hardcore directo, pesado y fraternal, sin fanfarronería ni concesiones. Estamos ante un condensado de lo más honesto que la escena de la costa este proponía a finales de los años dos mil.

El hardcore en su verdad

Nada superfluo aquí. Los riffs van a lo esencial, los breakdowns están pensados para el pit, y los tempos alternan entre carga frontal y mid-tempo pesado. La producción, nítida y musculosa, sirve esa eficacia sin buscar embellecer. Death Before Dishonor no reinventa nada, pero aplica la receta con una convicción y un saber hacer que imponen respeto. Es hardcore de artesano, robusto y sincero.

Valores de calle

Las letras giran en torno a la lealtad, la amistad, la perseverancia y la vida en la carretera. Son temas clásicos del género, pero portados con una autenticidad que da en el clavo. La voz ronca martillea esas convicciones como consignas, y los estribillos llaman a la participación colectiva. Se percibe una banda soldada, que canta lo que vive y que se dirige ante todo a su comunidad.

Los límites del clasicismo

El reverso de esta fidelidad al género es cierta falta de originalidad. El álbum apenas asume riesgos y se mantiene dentro de los cánones de un hardcore probado. Quienes busquen innovación o sorpresa se quedarán con hambre, de tan balizada que está la fórmula. Pero reducir el disco a ese reproche sería injusto, pues su honestidad es también su fuerza.

Count Me In se dirige ante todo a los aficionados del hardcore sin adornos, que encontrarán aquí exactamente lo que buscan: energía, sinceridad y un agudo sentido de lo colectivo. Death Before Dishonor nunca aspiró a la revolución, sino a la eficacia y la integridad, y en ese terreno el contrato se cumple plenamente. Un disco sólido, tallado para el directo y para los fieles de la primera hora.