Con The L-Shaped Man, publicado en 2015 por Matador, Ceremony da un giro asumido y radical. La banda californiana, antano abanderada de un hardcore ultrarrapido, abraza aqui un post-punk frio y despojado, marcado por la influencia de los grandes nombres de la new wave y del post-punk ingles. Un disco a contracorriente de su pasado. Firmar con Matador, sello mas ligado al indie rock, ya decia mucho de esta reorientacion.
Una metamorfosis sonora
Se acabaron las explosiones de segundos: The L-Shaped Man despliega temas amplios, construidos sobre lineas de bajo hipnoticas y guitarras angulosas. Uno piensa inevitablemente en el legado de Joy Division o de Wire, pero Ceremony no se limita a imitar, digiere esas referencias para extraer una atmosfera personal y gris.
El duelo en el centro de las letras
El album se nutre de la ruptura y la perdida. Ross Farrar abandona el grito en favor de un canto mas contenido, casi monocorde, que abraza la melancolia ambiente. Esa sobriedad vocal sorprende, pero sirve a un proposito intimo y desencantado, donde cada palabra parece cargar su peso de tristeza contenida.
Una apuesta arriesgada
Este cambio de rumbo dividio al publico. Los aficionados a la furia de los inicios pudieron sentirse traicionados, mientras que otros saludaron la audacia de una banda que rehusa repetirse. The L-Shaped Man no es un disco facil, exige tiempo y una disposicion a la escucha contemplativa mas que a la descarga.
Hay que tomar The L-Shaped Man por lo que es: no un disco de hardcore, sino una inmersion sincera en el post-punk melancolico. Ese giro revela una voluntad rara de reinventarse, aun a costa de perder parte del publico. Un album coherente y valiente, que recompensa al oyente dispuesto a aceptar a Ceremony bajo una forma radicalmente nueva. Con perspectiva, aparece como una etapa logica en el recorrido de una banda que nunca quiso estancarse.








