Procedente de Bergen, en Noruega, Blood Command practica un cruce singular entre punk hardcore, metalcore y sensibilidad pop, que ellos mismos han bautizado como «deathpop». Tras varios cambios de cantante que habrían podido desestabilizar a cualquier formación, la banda afronta World Domination con la nueva vocalista Nikki Brumen, cuya llegada devuelve un aliento decisivo a un proyecto siempre en busca de equilibrio.

La crítica (80 de media sobre seis reseñas) celebra un disco inmediato y temiblemente eficaz. La prensa alaba el modo en que Blood Command conjuga la agresividad del hardcore y la claridad de estribillos concebidos para quedarse en la cabeza, sin oponer nunca la brutalidad a la melodía. La energía contagiosa de Nikki Brumen hace maravillas.

Musicalmente, World Domination encadena brulotes cortos y contundentes: riffs cortantes, breakdowns, subidas melódicas eufóricas. La banda asume una estética frontal, tallada para el escenario y el movimiento de masas, donde cada tema apunta al máximo impacto en el mínimo tiempo.

Esa búsqueda de la eficacia inmediata tiene su reverso: al disco le falta a veces relieve, y los temas tienden a parecerse en estructura como en intensidad. El oyente podrá lamentar una paleta emocional algo estrecha, sacrificada en el altar del punch.

Veredicto: 8/10. Un disco enérgico y jubiloso, que relanza idealmente a Blood Command: un chute de adrenalina melódica sin pretensiones pero perfectamente calibrado.