Witchsorrow nunca ha dado gato por liebre. Desde su formación a mediados de los 2000, el trío de Hampshire liderado por el bien llamado Necroskull practica un doom metal a la vieja usanza, reivindicado, sin un gramo de post-nada: riffs de plomo, tempos de procesión, una imaginería de aquelarre y una devoción total a los padres fundadores. El homónimo de 2010, editado por Rise Above —el sello de Lee Dorrian, el espaldarazo supremo para cualquier grupo de doom inglés—, y luego God Curse Us (2012), No Light, Only Fire (2015) y Hexenhammer (2018) construyeron una discografía de una constancia monacal, respetada por el nicho e ignorada por el resto. Y resulta que veinte años después de sus inicios, ahora instalado en Church Road Records, el trío firma, según la opinión generalizada, su mejor disco. Las carreras de doom son, decididamente, maratones.
La obra del diablo
Primero las cifras: 80/100 en Album of the Year, con Kerrang! (4/5) y Distorted Sound (8/10) reunidos en una rara comunión doom. Y es Kerrang! quien se atreve con la frase que quedará: «han hecho su mejor disco hasta la fecha, lo que, veinte años después, debe de ser obra del diablo». El chiste es fácil, pero la constatación no lo es: pocos grupos alcanzan su cima en el vigésimo año, en un género donde por lo general se graba la obra maestra en el segundo disco antes de acomodarse. Witchsorrow ha hecho el camino inverso —veinte años de artesanía obstinada para llegar a la madurez, como una barrica dejada envejecer en la buena bodega.
Sobre la materia, Distorted Sound describe lo esencial: un doom «crudo, sin filtrar y casi catastrófico en su inmenso peso», tallado para que «los fans de Sabbath, Cathedral y Pentagram se lo pasen en grande». El triángulo de referencias lo dice todo sobre el posicionamiento: nada de doom-gaze, nada de sludge mestizo, nada de coqueteos stoner —la santa trinidad del riff pesado, asumida hasta la punta de las uñas negras. Pero reducir el disco a un ejercicio de estilo sería injusto, y ahí es donde la crónica de Kerrang! se vuelve interesante: la revista señala una decadencia nueva, guitarras inventivas, un gancho inesperado —en suma, un grupo que por fin se permite melodías memorables sin soltar jamás su visión intransigente del doom. Es exactamente el punto de inflexión que separa a los guardianes del templo de los grandes grupos: el momento en que la fidelidad al dogma deja de ser un techo.
El público arrastra los pies
Una sombra en el cuadro, eso sí, y merece que nos detengamos: el público sigue menos que la prensa, con un 68/100 de usuarios en AOTY frente al 80 de la crítica. La brecha cuenta algo sobre el doom tradicional en 2026: los cronistas, criados a base de clásicos, saborean el clasicismo oculto asumido; una parte de los oyentes, en cambio, solo oye lentitud y ya-escuchado. Es el destino de los puristas —Witchsorrow no hace nada por seducir más allá de su capilla, y es precisamente lo que su capilla adora en él. Baste señalar que este tipo de divergencia acompaña casi siempre a los discos de doom ortodoxo, y que dice más sobre la época que sobre el disco.
¿A quién va dirigido The Devil And All His Works? La respuesta está en la crónica de Distorted Sound: a los fieles de Sabbath, Cathedral y Pentagram, a quienes consideran Electric Wizard música de cámara y el primer Candlemass un texto sagrado. Los amantes del doom moderno y aventurero —los que vibran con Pallbearer o las experimentaciones post-metal— quizá encuentren el menú monótono. Pero se equivocarían al no probarlo: cuando el clasicismo se ejecuta a este nivel de convicción y de peso, vuelve a ser una propuesta radical.
Veredicto
Queda la constatación compartida por toda la prensa: en la categoría doom tradicional, difícil encontrar algo más masivo este año. Veinte años de carrera, cero concesiones, y un disco que demuestra que aún se puede progresar negándose obstinadamente a cambiar —la paradoja más doom que existe. Alineamos nuestra nota con la media crítica, con toda lógica: 8/10. Pacto diabólico cumplido, mercancía entregada, yunque garantizado. Si el diablo paga de verdad en riffs de esta densidad, se entiende que uno firme.