Tres décadas lleva Rob Zombie regentando el mismo puesto de feria de los monstruos, y hay que ver que la pintura sigue sin descascarillarse. Recordatorio de los hechos para los distraídos del fondo: el hombre inventó primero el metal-serie-B con White Zombie — La Sexorcisto en 1992, Astro-Creep: 2000 en 1995, discos que enseñaron a toda una generación que el groove podía oler a palomitas rancias y celuloide quemado — antes de lanzar en 1998 una carrera en solitario con un Hellbilly Deluxe convertido en clásico instantáneo. Desde entonces, el tipo compagina los álbumes, las películas de terror (The Devil’s Rejects, los remakes de Halloween) y una estética de drive-in satánico que nunca ha traicionado ni un centímetro. The Great Satan es su octavo álbum en solitario, el primero en cinco años — un plazo inhabitual en él — y la pregunta era simple: ¿le queda gasolina al generador del carnaval?

Eructado desde las profundidades

Respuesta de la prensa: sí, y más bien por partida doble. Nueve críticas recogidas en Album of the Year, 74/100 de media — su mejor acogida crítica desde hace muchísimo. Dom Lawson, en Blabbermouth, desenfunda un 8.5/10 y su prosa florida de siempre: un disco « eructado desde las profundidades de la imaginación de un hombre inhabitualmente creativo », que « pega como nunca ». Detrás de él, es la alineación de los planetas: Kerrang!, Classic Rock, AllMusic y Sputnikmusic ponen todos un 8/10, un póker de ases que Zombie no sacaba desde hacía siglos. El consenso que se desprende de estas crónicas cabe en una idea: a los 61 años, Zombie sigue siendo una auténtica rock star a la antigua — flamígera, excesiva, impermeable a la duda — en una época que fabrica normalidad calibrada en cadena. Y sus quince temas oscilan permanentemente entre « futurismo y vieja escuela », grandes riffs de groove metal por un lado, sintes de serie B por el otro, como una gramola poseída que dudara entre 1975 y 2075.

En el lote, dos temas hacen la unanimidad de los convencidos: « F.T.W. 84 » y « The Black Scorpion », citados como los momentos en que la máquina gira a pleno rendimiento. Reaparece ahí lo que Zombie siempre ha hecho mejor: riffs simples como eslóganes, estribillos concebidos para ser aullados en un pabellón, y esa producción que apila capas de ruido, samples y kitsch asumido hasta el hartazgo gozoso. Nadie ha acusado nunca al señor de hacer encaje de bolillos, y es exactamente por eso por lo que seguimos comprando la entrada.

Pitchfork pone mala cara, cómo no

El cuadro no estaría completo sin la voz discordante, y viene — sorpresa total, de verdad — de Pitchfork. Con su 5.4/10, el medio es el único en encontrar el carnaval gastado, el único en no querer subirse al tren fantasma. Spectrum Culture (6.5/10) tempera más cortésmente, como espectador que disfrutó del espectáculo sin pedir otra vuelta. Se puede leer esta disidencia de dos maneras: o Pitchfork tiene razón y todo el mundo se dejó embaucar por la nostalgia, o — hipótesis que privilegiaremos aquí — reseñar un disco de Rob Zombie buscando reinvención es reprocharle a una película de zombis que tenga zombis dentro. El público, por su parte, sigue con un 67/100 sobre 433 votos: no el clásico instantáneo que fue Hellbilly Deluxe, pero claramente la mejor acogida del tipo desde hace tiempo, y una señal de que la base no ha desconectado.

El puesto se mantiene en pie

¿A quién va dirigido The Great Satan? A todos los que alguna vez amaron un riff de White Zombie, una película de terror de los años 70 o un sinte que suena como un órgano de tren fantasma. A los aficionados al groove metal y al indus que quieren estribillo inmediato en lugar de demostración técnica. A quienes opinan que Rammstein se toma demasiado en serio y que Ministry está demasiado enfadado. Los que esperaban un cuestionamiento artístico mayor pueden pasar de largo: Zombie no se reinventa, se reaviva, y el matiz tiene su importancia. Cinco años de pausa parecen haber recargado las baterías en vez de mermar el mito. Veredicto: un octavo álbum en solitario que clava su regreso allí donde tantos veteranos se conforman con gestionar su fondo de comercio, saludado por una prensa rara vez tan alineada sobre su caso, con justo lo necesario de contradictores para confirmar que el personaje aún incomoda. 7.5/10: el gran Satán se encuentra bien, gracias, y su puesto de feria sigue siendo uno de los más frecuentables del parque.