Hay escenas que uno no ve venir. Mientras todo el mundo miraba a Louisville y la Costa Este, Alabama construyó por su cuenta una de las escenas hardcore más rabiosas de Estados Unidos, y No Cure se convirtió en su estandarte más evidente. Straight edge reivindicado, ética de manada, shows de una violencia rara: el grupo se hizo un nombre a base de sudor, EP tras EP, split tras split, antes incluso de pensar en el álbum. The Commitment to Permanence en 2023 y luego I Hope I Die Here en 2024 ya habían mostrado la trayectoria: un hardcore metálico cada vez más pesado, cada vez más sureño, cada vez más malvado. Quedaba la prueba de fuego: el primer largo de verdad. Aquí está, en SharpTone, con un título que deja clara la cosa: se va a poner oscuro.
El Sur tiene sus razones
Lo que impacta primero es hasta qué punto este disco asume de dónde viene. No Cure no toca el hardcore genérico de las compilaciones de Spotify: es un metalcore empapado de deathcore y de beatdown, pegajoso como un verano en Birmingham, que arrastra tras de sí toda la herencia de la violencia sureña; uno piensa en lo que Kublai Khan TX hizo por Texas, en esa manera de transformar la geografía en sonido. Los riffs huelen a asfalto fundido, los breakdowns caen como condenas, y por encima, un canto que grita su rabia straight edge sin volverse jamás sermón. Ahí está todo el matiz que subraya Anthony Fantano (The Needle Drop, 8/10) cuando escribe que «No Cure pone al día la ética straight edge en su primer álbum»: el grupo no recita el catecismo de Earth Crisis, lo reencarna en un contexto —social, político, personal— que es el de 2026. La rabia no es un disfraz, es un combustible.
Y esa rabia está sostenida por una producción que ha entendido lo esencial: seguir sucia. Nada aquí suena aséptico ni calibrado para las playlists. El sonido es masivo pero granuloso, denso pero orgánico; Distorted Sound (8/10) habla de un disco «granuloso, explosivo», y es exactamente eso. Cada breakdown conserva sus aristas, cada blast conserva su pánico. Kerrang! (4/5) va a buscar una fórmula que quedará: una «majestad bárbara» que el grupo de Alabama, avisa la revista, tendrá difícil superarse a sí mismo. Cuando la prensa británica empieza a hablar de majestad para un grupo de beatdown de Alabama, es que algo está pasando.
La unanimidad, esa trampa que no lo es
El expediente de prensa es casi cómico de alineado: 80/100 en Album of the Year, tres críticas, tres veces 80. Fantano a 8, Distorted Sound a 8, Kerrang! a 4/5. Y el público sigue a plomada, a 79/100 sobre más de 500 notas. Para un cronista es frustrante: ningún choque que arbitrar, ninguna voz discordante que confrontar. Pero esta unanimidad cuenta algo más interesante que una polémica: dice que un grupo puede ser a la vez extremo y aglutinador, de nicho y evidente. Distorted Sound pone el dedo en la llaga al celebrar «esa identidad inquebrantable y sin excusas» que ha construido su público: No Cure no le debe nada a nadie, no ha corrido tras ninguna moda, y es precisamente por eso que todo el mundo está de acuerdo. La revista llega a calificar el disco de escucha «esencial para el clima actual», lo que dice mucho de la carga política y emocional del discurso.
La cita más justa quizá venga de Jasmine Longhurst, que describe un álbum que «grita al vacío al tiempo que eleva a quienes lo escuchan». Es la definición misma del gran hardcore: la catarsis colectiva, la desesperación transformada en energía de sala. Este disco es oscuro —el título no miente—, pero es una oscuridad que reúne, no una oscuridad que aísla. Uno sale de la escucha reventado y extrañamente recargado, que es exactamente el efecto buscado desde los orígenes del género.
Veredicto
¿A quién va dirigido It Is Going To Get Dark? A todos los que han gastado los discos de Knocked Loose y de Kublai Khan TX y buscan la próxima deflagración. A quienes piensan que el straight edge es una reliquia de los años 90 y necesitan un correctivo. Y, en fin, a quienes quieren oír a qué suena una escena regional en la cima de su confianza. ¿Las reservas? Marginales: el disco no reinventa la rueda del metalcore beatdown, y quienes son herméticos al género lo seguirán siendo. Pero en su categoría, difícil hacer algo más encarnado. Primer álbum, identidad ya tallada en granito, prensa alineada como pocas veces: 8/10, y la sensación muy nítida de que No Cure no ha hecho más que empezar. La oscuridad anunciada está aquí. Muerde, y pedimos más.