Hay regresos que uno espera sin creérselos, y regresos que ya nadie esperaba. El de Neurosis pertenece a la segunda categoría. Diez años después de Fires Within Fires, tras la marcha de Scott Kelly y un silencio que se creía definitivo, los veteranos de Oakland resucitan — y no de cualquier manera: con Aaron Turner (Isis, Sumac) al micrófono, y el disco de metal mejor puntuado de 2026 bajo el brazo. Aún nos pellizcamos.

Los arquitectos del post-metal

Imposible medir el acontecimiento sin recordar quién habla. Neurosis es la banda que inventó un lenguaje. Partiendo del hardcore punk en los años 80, el colectivo operó a principios de los 90 una de las mutaciones más radicales de la historia del metal: Souls at Zero y luego Enemy of the Sun ponen los cimientos, y Through Silver In Blood en 1996 erige la catedral — un monolito de pesadez tribal y trance del que deriva todo el post-metal, de Isis a Cult of Luna pasando por la mitad del catálogo de Pelagic. Lo que siguió fue un lento dominio del fuego: Times of Grace, A Sun That Never Sets, Given to the Rising, hasta Fires Within Fires en 2016, todo ello en su propio sello Neurot Recordings, en autarquía completa, rechazando la industria como se rechaza un dogma. Después el silencio, y la marcha de Scott Kelly, una de las dos voces históricas. Se creía el libro cerrado. Error.

El injerto Turner, o la evidencia

La elección de Aaron Turner para retomar el micrófono tiene algo de vertiginoso: el fundador de Isis, figura de proa de Sumac, es literalmente el alumno más dotado que se une a la escuela que lo formó. Y el consenso crítico es aplastante: el injerto prende. 89/100 sobre nueve críticas — el disco de metal mejor puntuado del año en Album of the Year — con Sputnikmusic y Distorted Sound desenfundando la nota máxima, hablando esta última de un disco « encore plus puissant qu’avant ». Blabbermouth (9/10) sitúa el asunto a su justa altura histórica: « leur meilleur effort depuis A Sun That Never Sets » — es decir, el mejor en un cuarto de siglo, ni más ni menos. Lo que golpea en las crónicas es la descripción de un disco-suma: los vocales frontales de Turner responden a los de Steve Von Till, y el conjunto barre todo el espectro de la banda, de la brutalidad industrial de los inicios a los diecisiete minutos finales de « Last Light », citados por todas partes como una cumbre — el tipo de conclusión-río del que Neurosis tiene el secreto, donde el tiempo deja de existir. Y luego está esa frase, soltada ya en la apertura « We Are Torn Wide Open »: « We’ve forgotten how to live, so we suffer ». El tono queda fijado de entrada — un disco sobre un mundo que arde, y sobre el amor obstinado que se le tiene a pesar de todo. Todo el título del álbum está ahí.

Un trono nunca del todo abandonado

¿Las divergencias? Cosméticas, literalmente. Pitchfork (8.3) y Uncut (8/10) son sencillamente los menos extáticos de un pelotón unánime — cuando tus críticas « bajas » son 8, sabes que el asunto está resuelto. Y el público sigue sin encabritarse: 79/100 sobre más de 3.600 notas, adhesión masiva para un disco de semejante exigencia. ¿A quién va dirigido An Undying Love for a Burning World? A los fieles de siempre, evidentemente, que reencontrarán el trance y la pesadez ritual. A los hijos del post-metal — fans de Isis, de Cult of Luna, de Amenra — que oirán el diálogo entre el maestro y su heredero más brillante. Y a todos los que nunca se atrevieron a entrar en la obra: paradójicamente, este disco-suma es una puerta de entrada ideal, ya que contiene todas las épocas de la banda a la vez. Única contraindicación: la impaciencia. Neurosis no se escucha de fondo, se atraviesa.

Veredicto: 9/10, sin temblar. Treinta años después de Through Silver In Blood, los jefes del post-metal retoman su trono como si nadie se hubiera atrevido a sentarse en él — y lo más bonito es que nadie se atrevió, en efecto. An Undying Love for a Burning World no es solo una resurrección lograda: es una lección de dignidad artística, la prueba de que se puede perder una voz fundadora, atravesar diez años de silencio y volver más vasto que antes. El mundo arde, Neurosis lo ama igual, y nosotros también.