Treinta y pico años llevan los lobos de Lisboa merodeando por las fronteras del metal gótico, y hete aquí que hacen el camino inverso al de todo el mundo: mientras los demás apilan orquestaciones, Moonspell despoja. Far from God, publicado en Napalm Records, es un disco de vuelta a los orígenes, y en conjunto la apuesta da en el blanco.
Los lobos nunca mueren
Pongamos la iglesia gótica en el centro del pueblo. Moonspell es, ante todo, una anomalía geográfica convertida en institución: un grupo portugués que, a mediados de los 90, se impuso en un paisaje dominado por ingleses y escandinavos. Wolfheart en 1995 planta el folclore licantrópico, y luego Irreligious en 1996 se convierte en EL clásico, el que instala a Fernando Ribeiro entre las grandes voces del género, en algún punto entre el crooner tenebroso y el predicador maldito. Lo que sigue es una carrera en zigzag asumido: experimentaciones (Sin/Pecado, The Butterfly Effect), retornos de llama majestuosos (Memorial, Night Eternal), díptico esquizofrénico (Alpha Noir/Omega White), y más recientemente el conceptual 1755 cantado en portugués y el introspectivo Hermitage. Un hilo rojo en todo esto: Moonspell nunca ha hecho dos veces el mismo disco. Far from God llega, pues, con una promesa clara —recuperar la esencia gótica— y una pregunta legítima: ¿otro giro más, o por fin un regreso?
La depuración como programa
La respuesta de la prensa cabe en una cifra y una dispersión: 73/100 sobre seis críticas, público a 63. En el detalle, se discute con ganas. Blabbermouth se enciende con un 9/10 y va muy lejos en el elogio: el álbum sería «una de sus declaraciones más significativas y, quizá, la expresión más verdadera de su esencia creativa hasta la fecha». Nada menos, para un grupo que tiene treinta años de discos a sus espaldas. Distorted Sound (8/10) y New Noise (8/10) siguen el movimiento, mientras que Metal Hammer (6/10) y Sputnikmusic (2.8/5) frenan en seco. Pero en el fondo, todos describen el mismo disco: fuera las sobrecargas orquestales, paso a un goth metal despojado donde Fernando Ribeiro suena revigorizado. Es el punto de acuerdo central, y no es baladí: ¿cuántos cantantes de esta generación pueden aún dar la impresión del hambre? Distorted Sound celebra unos «bangers solemnes» que un grupo así «domina como un arte», y desgrana el recorrido: la apertura «Cross Your Heart», las melodías orientales de «Your Promise of Light», hasta el doblete final «Our Freedom to Fall» / «Reconquista» que musculan el cierre del disco justo cuando tantos álbumes se quedan sin aire. La producción sigue la misma lógica de despojamiento: menos capas, más carne, un estuche oscuro que deja respirar a la voz.
El listón, y dónde se sitúa
Queda la verdadera pregunta, la que divide a los cronistas: ¿a qué altura poner el listón? Angry Metal Guy (3.5/5) zanja con su precisión habitual: es «lo más cercano a sus años jóvenes que ha hecho el grupo», pero no al nivel de sus cumbres, y el sitio señala unas guitarras en segundo plano, reproche técnico que no es anecdótico para un disco que se quiere vuelta a los fundamentos. Sputnikmusic, aún más severo, espera que el álbum sea «solo un simple bache en el radar de Moonspell». Dos lecturas de la misma constatación: la fidelidad a uno mismo está ahí, la chispa de las grandes noches no siempre. ¿A quién va dirigido Far from God? A todos los fieles de la primera hora, los que aún gastan su ejemplar de Irreligious y reencontrarán aquí sensaciones que creían perdidas. A los amantes de Type O Negative, Paradise Lost y Tiamat, que se mueven por las mismas aguas negras. Y a los curiosos que quieran descubrir al grupo sin cargarse los rodeos experimentales: es una excelente puerta de entrada reciente.
Veredicto: 7.5/10, en la línea recta del consenso. Far from God es un bonito disco de fidelidad a uno mismo, sostenido por un Ribeiro poseído y una depuración que sienta bien, pero no un nuevo Irreligious, y hay que hacer las paces con ello. Los lobos han recuperado su guarida; todavía no han vuelto a echar mano a la luna llena. Es ya mucho más de lo que esperábamos.