Hay algo profundamente incómodo en la manera en que Artificial Brain construye sus temas. Infrared Horizon nunca busca el camino directo: cada riff parece retorcerse sobre sí mismo, cada acorde disonante abre una grieta en lugar de resolver la tensión. El grupo de Long Island continúa su exploración de un death metal técnico que rechaza el confort, prefiriendo la angustia cósmica a las certezas del género. Se percibe una conexión con el grindcore más retorcido y el death dissonante más exigente, pero la síntesis sigue siendo singular, casi orgánica en su forma de deformar los códigos.
Una ciencia ficción que rezuma
Las temáticas de ciencia ficción anunciadas no son mero disfraz visual: infunden literalmente el sonido. Las guitarras producen texturas metálicas, frías, casi industriales en momentos, que evocan máquinas en descomposición más que naves triunfantes. El canto, un gruñido ronco y desgarrador, actúa como una presencia orgánica sofocada bajo capas de circuitos fallidos. Esta tensión entre carne y metal otorga al disco una atmósfera opresiva, nunca gratuita: sirve una narrativa difusa, sugerida más que explicada, donde el oyente permanece constantemente en la incomodidad de no comprenderlo todo.
Estructuras que se niegan a la lógica
Técnicamente, el álbum es formidable sin nunca caer en la demostración gratuita. Los cambios de ritmo surgen sin previo aviso, los riffs dissonantes se encadenan según una lógica que escapa a los esquemas habituales del género. A veces se piensa en una partitura que se reescribiera en tiempo real, rechazando toda repetición reconfortante. Este enfoque exige cierta inversión del oyente: hay que aceptar perder los puntos de referencia, no poder anticipar la estructura de un tema. Es exigente, a veces frustrante a la primera escucha, pero terriblemente gratificante una vez que te dejas atrapar por esta lógica interna.
Una producción que respira sofocación
La producción abraza perfectamente esta visión: un sonido denso pero nunca aplastante, que deja espacio para que los bajos se arrastren bajo las guitarras dissonantes, creando una sensación de vértigo permanente. Nada está pulido, todo parece deliberadamente inestable, como si el equilibrio pudiera romperse en cualquier momento. Esta inestabilidad controlada es probablemente el mayor logro del disco: traduce musicalmente esta idea de horizonte infrarrojo, esta frontera invisible entre lo visible y lo invisible, entre lo orgánico y lo mecánico. No se sale ileso de esta escucha, y ese es precisamente el objetivo.
Infrared Horizon confirma la posición de Artificial Brain como referencia del death técnico contemporáneo, capaz de conjugar brutalidad pura y atmósferas casi cerebrales sin sacrificar nunca la una a la otra. No es un disco de fácil acceso, ni destinado a quienes buscan riffs inmediatamente memorables. Es más bien una propuesta que recompensa la paciencia y la atención, que se revela progresivamente conforme sus estructuras retorcidas se hacen familiares sin perder nunca su capacidad de desestabilizar. Un álbum habitado, coherente en su visión, que se merece plenamente su reputación en la escena actual del death metal técnico.








