Con Infinite Punishment, aparecido en 2019, los quebequenses Get the Shot entregan un disco de una intensidad temible. Originaria de la ciudad de Quebec, la banda practica un hardcore metálico frontal, radical, donde la velocidad y la violencia se conjugan en una oleada continua. Es un álbum que no hace ninguna concesión, pensado para sumergir al oyente bajo una avalancha de riffs cortantes y ritmos implacables.
Una violencia sin tregua
El disco asume plenamente su apuesta por la agresión. Los temas se encadenan a un ritmo sostenido, sostenidos por una batería que machaca sin descanso y guitarras que cortan el aire como cuchillas. Se percibe la influencia del metal extremo tanto como la del hardcore más duro, en una fusión que privilegia el impacto ante todo. Cada tema parece concebido como un ataque, una carga frontal destinada a arrasar todo a su paso. La energía desplegada es sencillamente agotadora, en el mejor sentido de la palabra. Las transiciones, brutales y calculadas, encadenan las aceleraciones sin dejar caer jamás la tensión, como si la banda quisiera mantener al oyente en un estado de alerta constante de principio a fin.
Una intensidad militante
Más allá de la pura violencia sonora, la banda porta un discurso comprometido. Las letras denuncian las injusticias, la corrupción, la opresión, con una rabia que supera el simple desahogo. Esa dimensión política da al disco una profundidad bienvenida, anclando la furia en una revuelta concreta. El canto, gritado con convicción, encarna perfectamente esa cólera dirigida, transformando la agresión sonora en una forma de protesta. Se percibe una banda que cree en lo que defiende y que no se contenta con hacer ruido.
Los límites de la intransigencia
Esa radicalidad tiene sin embargo su reverso. A fuerza de mantener una intensidad máxima, el álbum deja poco espacio al contraste y a la respiración. El oyente puede sentirse abrumado, incluso cansado por esa presión continua que varía bastante poco. Algunos matices adicionales, algunos momentos de relajación habrían reforzado sin duda el impacto global. Pero esa ausencia de compromiso forma también parte de la identidad de la banda, y juzgarla como un defecto sería no captar su intención. Esa ausencia de matiz, si bien sirve al impacto inmediato, priva a veces al disco de la respiración que habría vuelto sus embates aún más cortantes, pues el contraste sigue siendo el arma más eficaz de este tipo de música.
Al final, Infinite Punishment se impone como un disco potente y coherente, tallado para quienes buscan la intensidad bruta y el compromiso sin rodeos. Get the Shot confirma aquí su lugar entre las formaciones más feroces de la escena hardcore metálica norteamericana. No es un álbum que seduzca por la sutileza, sino por su fuerza de convicción y su rechazo del compromiso. Para los aficionados al género, es una descarga catártica, un desahogo radical que no deja a nadie indiferente. Una obra exigente, pero profundamente honesta.





