Kickback ocupa un lugar aparte en la historia del hardcore francés y europeo. Banda sulfurosa, a menudo controvertida, construyó su mito sobre una violencia sonora y temática llevada al extremo. Forever War, publicado en 1998, sigue siendo uno de sus discos más emblemáticos. Es una obra sombría, nihilista, que rechaza el menor destello de esperanza y transforma el hardcore en un descenso a los infiernos asumido. Formada a principios de los años 1990, la banda adquirió rápidamente una reputación tan impresionante como perturbadora, tanto por su música como por su actitud. Esa aura sulfurosa alimentó un verdadero mito en torno a la formación, del que este disco sigue siendo uno de los testimonios más destacados.
Una negrura sin salida
Musicalmente, Forever War despliega un hardcore pesado y marcial, nutrido de influencias metálicas y de una frialdad casi industrial en la intención. Los riffs están tallados en el cemento, la base rítmica golpea como una mecánica implacable. Pero es sobre todo la atmósfera lo que marca: una tensión permanente, una agresividad que nunca afloja su presa. El disco avanza como una columna blindada, sin desviarse jamás de su trayectoria. La voz, gritada y llena de odio, porta un discurso deliberadamente provocador, misántropo, que alimentó tanto la fascinación como el rechazo en torno a la banda. Kickback no busca gustar ni tranquilizar: expresa una rabia cruda, desesperada, que encuentra en el hardcore el único lenguaje capaz de contenerla.
Un objeto de culto y divisivo
Forever War marcó de forma duradera la escena europea, influyendo en numerosas bandas más pesadas y extremas que vinieron después. Su estatus de culto se debe a esa radicalidad total, a ese rechazo de todo compromiso. El disco divide, como la propia banda, pero nadie puede negar el impacto que tuvo en la historia del hardcore del continente.
La fuerza de una convicción extrema
Lo que golpea aún hoy es la coherencia absoluta del discurso. Nada suaviza el mensaje, nada busca seducir. Esa pureza en la intransigencia le da al disco una fuerza rara, casi hipnótica. Se puede rechazar su negrura, pero no se puede permanecer indiferente a su potencia. Hay que reconocer, sin embargo, que esa radicalidad también puede ser un límite. La ausencia total de matices, la repetición de la agresión acaban creando una forma de monotonía para quien no adhiere al universo de la banda. Forever War es un disco exigente, que pide sumergirse por completo en su negrura.
Al final, Forever War sigue siendo una piedra angular del hardcore europeo, un disco tan perturbador como fascinante. Encarna una visión extrema y sin concesiones del género, sostenida por una convicción total. Un clásico sombrío, reservado a las almas dispuestas a enfrentarlo.





