Drug Church ocupa una posición singular en el paisaje del hardcore estadounidense. La banda del estado de Nueva York, liderada por el cantante y letrista Patrick Kindlon, injerta sobre una base post-hardcore la energía y las melodías del rock alternativo de los 90: un cruce que, en Hygiene, alcanza un equilibrio notable entre agresividad y pop.
La crítica (84 de media sobre nueve reseñas) celebró un disco de eficacia inmediata, donde cada tema parece tallado para quedarse en la cabeza. Lo que distingue a Drug Church es esa capacidad de hacer convivir riffs abrasivos, casi noisy, con estribillos de un gancho casi culpable. Se piensa a veces en un cruce entre el hardcore y el grunge más melódico.
La sal de la banda reside también en sus letras. Kindlon despliega una mirada afilada, irónica y empática a la vez, sobre las pequeñas fallas y los grandes descalabros de la existencia ordinaria: perdedores magníficos, fracasados del día a día, personajes maltrechos que observa sin desprecio. Esa escritura, a la altura del hombre, da al disco una calidez inesperada.
Se podrá objetar que Hygiene no sacude los marcos, que permanece en una zona de confort melódica bien delimitada. El reproche es fundado: el disco seduce de entrada pero no cava surcos nuevos. Su logro reside menos en la audacia que en la ejecución, de una justeza constante.
Veredicto: 8.5/10. Un disco temiblemente pegadizo, que prueba que se puede ser mordaz y melódico sin elegir nunca bando.



