Desde hace más de una década, la estadounidense Chelsea Wolfe traza un surco singular, en el límite del folk espectral, el doom y la música gótica. Su voz, a la vez etérea y amenazante, ha hecho de ella una de las figuras más fascinantes de la escena alternativa. She Reaches Out to She Reaches Out to She marca un giro: el de una artista que, al salir de un largo trabajo sobre sí misma, hace de la sanación la materia de su arte.
La crítica (82 de media sobre once reseñas) celebra una obra de renacimiento, más electrónica y más luminosa que las anteriores. Se elogia la audacia de una producción trip-hop e industrial que renueva el lenguaje de la cantante, así como la profundidad de un discurso introspectivo consagrado a la transformación interior.
Musicalmente, el disco abandona en parte la pesadez del doom para abrazar texturas programadas, ritmos sincopados, capas sintéticas glaciales. La voz de Chelsea Wolfe, siempre en el centro, flota como una incantación, ora vulnerable, ora soberana. Es una música del entremedio, del umbral, donde la oscuridad gótica se tiñe de una claridad nueva.
Ese giro electrónico dividirá: los fieles de la primera hora, apegados a la pesadez de las guitarras, podrán lamentar ese alejamiento del metal, y algunas experimentaciones parecen todavía buscar su equilibrio. La muda no está del todo terminada. Pero la audacia merece ser saludada.
Veredicto: 8/10. Un disco valiente y personal, que ve a Chelsea Wolfe mudar sin renegar de sí misma. Un renacimiento en claroscuro, pero lleno de promesas.



