Incantation pertenece a ese puñado de bandas que, en el cambio de los 90, definieron lo que iba a ser el death metal más subterráneo: el del sótano y la blasfemia, en las antípodas de los refinamientos técnicos. Más de treinta años después, la banda estadounidense no ha cedido nada de su negrura, y Unholy Deification, aclamado por la crítica (85 de media sobre seis reseñas), lo demuestra de forma abrumadora.

El sonido, primero: esa producción cavernosa, fangosa, donde las guitarras parecen surgir de las profundidades de la tierra. Incantation cultiva el arte del contraste entre las oleadas de blast beats y las ralentizaciones doom, esos pasajes donde el tempo se arrastra como una procesión fúnebre. Es un death metal que piensa en términos de atmósfera tanto como de violencia.

La crítica celebra la coherencia de una banda que, al contrario que tantas otras, nunca ha buscado apaciguarse ni modernizarse. Unholy Deification podría haber salido en 1994; sale en 2023 con la misma convicción, la misma intransigencia. Donde otros veteranos capitulan o se caricaturizan, Incantation permanece fiel a su credo.

Ese rechazo obstinado del compromiso podrá repeler a los oídos poco acostumbrados: el disco es árido, sin concesión melódica, enteramente volcado en la evocación de un más allá hostil. Pero para el amante del death metal auténtico, constituye una misa negra de una intensidad poco común.

Veredicto: 8.5. Un disco monolítico y sin concesiones, que recuerda que el death metal, en su origen, era una cuestión de fe invertida y tinieblas puras.