Publicado en 2016 tras una larga ausencia, XVI marca el regreso de Angel Crew con la misma energía bruta de sus inicios. El grupo no ha perdido nada de su mordiente, quince años después de su primer álbum, y este disco lo prueba desde los primeros compases. Lejos de sonar a reunión nostálgica, se impone como una verdadera reanudación de hostilidades, sostenida por una intensidad que parece intacta pese al tiempo transcurrido. Es el disco de un grupo que vuelve no para surfear la nostalgia, sino porque aún tiene algo que decir y la energía para gritarlo.

El regreso tardío

Tras años de silencio, Angel Crew reconecta con el hardcore tough que hizo su reputación. El disco prueba que el grupo no tiene nada que demostrar, pero todo que defender: sus valores, su intensidad, su espíritu de calle. Este tipo de regreso siempre es peligroso, pues la expectativa puede tornarse en decepción, pero Angel Crew esquiva el escollo negándose a renegar de sí mismo. Vuelve tal como se fue, sin compromisos ni concesiones a la moda. Esa fidelidad absoluta a su identidad, lejos de sonar a falta de ambición, se revela al contrario como una fuerza y una muestra de respeto hacia su público.

Nada ha cambiado

En lo musical, XVI no delata ninguna voluntad de modernización forzada. Los riffs siguen masivos, la actitud frontal, y el sonido fiel a la estética que hizo al grupo. Esa constancia podría pasar por inmovilismo, pero se asume aquí como una declaración de principios: el hardcore de Angel Crew no necesita seguir las modas para seguir siendo pertinente. Saca su fuerza de su fidelidad a sí mismo. En una escena donde tantos grupos se pierden buscando evolucionar, esa rectitud inflexible tiene algo de tranquilizador, casi de reconfortante.

La llama intacta

Lo que más impacta es la ausencia total de óxido. El grupo toca con una rabia que casi desmentiría los años de inactividad, como si el fuego nunca hubiera dejado de arder por dentro. Esa vitalidad recuperada da al disco una legitimidad inmediata: no es un ejercicio por encargo, es el gesto sincero de un grupo que aún tenía algo que decir. Se intuye que la pasión está intacta, que las ganas de tocar y defender sus convicciones nunca flaquearon, y que este regreso responde a una necesidad más que a un cálculo.

XVI es un regreso logrado, algo que dista de estar garantizado en un género donde tantas reuniones giran en vacío. Angel Crew prueba aquí que su hardcore de calle ha atravesado bien el tiempo, y que su ira no estaba caducada. Para los fans de la primera hora y para los curiosos, es la confirmación reconfortante de que un verdadero grupo de hardcore no muere tan fácilmente, y sabe volver sin traicionarse. Un disco que prueba que la fidelidad a un ideal puede sobrevivir a cualquier ausencia.