Anunciado en primavera como el penúltimo álbum de Godflesh, Decay llega cargado de un peso particular. Décimo disco del dúo de Birmingham, publicado el 25 de septiembre por Relapse Records, se retrasó por la operación de hernia de Justin Broadrick y hunde sus raíces en las sesiones de Purge (2023), ampliadas y reescritas. El resultado es un disco de austeridad asumida: menos de 150 palabras cantadas en 42 minutos, una guitarra de siete cuerdas en primer plano y temas que giran en torno al agotamiento del contacto humano.

Lo que dice la prensa

El consenso crítico es claro: 78/100 en AlbumOfTheYear sobre cuatro reseñas. Sputnikmusic (80) lo considera «quizá la escucha más gratificante desde su regreso», Rolling Stone (80) celebra un álbum que «termina con un estallido, no con un susurro», con las que serían, según la revista, las últimas voces heavy grabadas de Broadrick. Distorted Sound (80) vaticina que «la huella que Godflesh ha dejado en la música extrema durará generaciones», mientras que PopMatters (70), más comedido, describe un disco que «impone su voluntad, sin piedad, hasta el final».

Prensa y público, de acuerdo

Algo raro para un disco tan radical: el público acompaña. 77/100 con más de 120 votos en AlbumOfTheYear, una distancia casi nula respecto a la prensa. Donde Purge dividió, Decay parece reconciliar a los fieles de primera hora con los oyentes llegados después de A World Lit Only by Fire. La frialdad mecánica del disco, lejos de expulsar, es exactamente lo que se viene a buscar.

Veredicto

Si Decay es de verdad el principio del fin para Godflesh, es una salida por todo lo alto: un disco masivo, físico, que no cede en nada y que ha cosechado una de las acogidas más uniformes de la carrera reciente del dúo. Consenso Purkas: 8/10.