Primer álbum de Coal Chamber, publicado en 1997, este disco homónimo se impone como uno de los hitos del nu metal naciente. La banda de Los Ángeles cultiva una estética gótica y pegajosa, marcada por los riffs graves y elásticos de Miguel Rascón y la voz camaleónica de Dez Fafara, que se desliza del murmullo inquietante al rugido. La atmósfera, oscura y ligeramente teatral, contrasta con la agresividad bruta de otras formaciones de la época.

Loco o Big Truck reflejan bien ese equilibrio entre la pesadez mecánica y el groove hipnótico. La producción, espesa y deliberadamente sucia, acentúa el lado malsano del conjunto. No todo alcanza la misma intensidad, y el disco muestra a veces sus costuras, pero desprende una personalidad afirmada. Un primer paso imperfecto pero entrañable, que marcó de forma duradera el imaginario visual y sonoro del género.